El desarrollo de la inteligencia emocional
No sólo existe aquella capacidad cognitiva necesaria para entender el mundo, en clave científica. Hay otras que nos ayudan a desenvolvernos en el mundo. Como es el caso de la inteligencia emocional.Daniel Goleman, experto en el tema, habla de la capacidad para reconocer sentimientos en uno mismo y en otros, siendo hábil para gestionarlos y dirigirlos a la hora de relacionarse con los demás.Varios estudios empíricos revelan que quien sabe gobernar adecuadamente sus sentimientos, y sabe interpretar y relacionarse afectivamente con los sentimientos de los demás, goza de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida.Las relaciones íntimas con otras personas (noviazgo o matrimonio) hasta la comprensión de las reglas tácitas que determinan el éxito en el ámbito profesional, tienen que ver con la inteligencia emocional.Más allá del empeño cognitivo, de las destrezas técnicas y profesionales, la consecución de una vida plena necesita de la capacidad, por ejemplo, de motivarse a sí mismo, de perseverar en un empeño a pesar de las frustraciones, y de controlar los impulsos.También es importante diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, controlar la angustia y empatizar y confiar en los demás.A menudo se nos presentan en el mundo sujetos que evocan la caricatura estereotípica del intelectual con una asombrosa capacidad de razonamiento, pero completamente ineptos en el plano personal.Decimos, en esos casos, que esa persona "cerebral" carece de cualidades humanas elementales, y esto porque arrastra un déficit en el plano emocional que compromete su desempeño socialLa autorregulación, el hecho de poder controlar la impulsividad, es un rasgo distintivo se las personas emocionalmente inteligentes. Se trata de una competencia que se valora mucho en un contexto de época donde la ira se ha convertido en un mal.El incremento de las expresiones de enojo expresa, de algún modo, el resquebrajamiento de los lazos sociales. En una situación de anomia, de pérdida de cohesión y de desmoronamiento de valores que permitían la convivencia social, las personas quedan marginadas e impotentes.La reacción de muchas de ellas, en ese marco de crisis social, puede ser de ira y de violencia. Se instala, así, la sensación es de "sálvese quien pueda", potenciada por situaciones de alto estrés diario, a veces motivadas por preocupaciones económicas.El enojo es un sentimiento peligroso que nos conduce a hacer cosas sin pensar, a actuar por impulso, y convierte a las personas en sujetos crueles e irreconocibles.El control de esta emoción, justamente, es un rasgo de desarrollo de la inteligencia emocional."El umbral en que se desata la ira parece ser más bajo que en otras épocas", dice Daniel López Rosetti, coordinador del gabinete de Medicina del Estrés y Psicobiología del Hospital Central Municipal de San Isidro, donde existe un programa para tratar esta problemática.Allí se dan talleres para el manejo de las emociones, como es el caso de la ira. "En el hospital -cuenta Rosseti- tenemos frascos con pastillas. Algunas dicen 'contar hasta 10'. Otras 'contar hasta 100'. También tenemos pastillas de 'No', otras de 'Proyectos' y también de 'Actividad Física'".Tal como sucede con las matemáticas o la lectura, la vida de las emociones constituye un ámbito que se puede dominar con mayor o menor pericia. Eso significa que es importante desarrollar, a través de la educación, este tipo de inteligencia.
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