El desempleo es el peor fantasma
Para muchos analistas el país ha entrado en una fase económica en la que los trabajadores deberán optar entre moderar sus pretensiones salariales (pactar reajustes por debajo de la inflación) o correr el riesgo de perder el empleo. ¿Qué empresa del sector privado, por caso, cuya rentabilidad viene en baja, está en condiciones de pagar aumentos de salarios en función de la tasa de inflación, que en 2014 cerró en alrededor de 40%?En la paritaria del año anterior los trabajadores del sector automotriz, enfrentados al problema, priorizaron en la discusión salarial el mantenimiento de los puestos de trabajo, en un contexto de achique de la industria, cuyas ventas cayeron en picada.La perspectiva de quedarse sin empleo, por cierre de las fábricas de autos, que ya habían comenzado con las suspensiones de personal, hicieron que pactaran un ajuste de sus sueldos por debajo de la inflación.El dilema se plantea sobre todo en la economía privada, donde si la empresa pequeña o mediana trabaja a pérdida (los costos superen sus ingresos) su supervivencia se complica.Entonces se ve obligada a producir recortes en el rubro personal, o en el peor de los casos a cerrar sus puertas, dejando gente en la calle. De hecho se sabe que desde hace bastante tiempo en Argentina no se crea empleo privado, aumentando en cambio el empleo público.Hay informes sectoriales que hablan del cierre de fábricas y de una situación complicada en las economías regionales, cuyas pymes se han quedado sin resto, en un contexto de caía de las exportaciones.Por otro lado, los últimos datos del INDEC sobre desempleo son inquietantes. Allí se deja entrever que aumenta el número de los que buscan empleo (y no lo consiguen) y cae la demanda empresarial por nueva mano de obra.La pertinaz inflación y el aumento del desempleo por estancamiento económico es la peor combinación, según los expertos, que desde la teoría económica han descripto este tipo de cuadro con el término "estanflación" (estancamiento económico o recesión con alza de precios)."Lo peor que puede pasar es perder el laburo, porque peor que perder un poco del salario es perderlo todo", solía decir Tomás Bulat, el economista recientemente desaparecido en un accidente de tránsito."Yo prefiero que el consumo interno se empiece a resentir porque el salario real baja un poco y no por desempleo, que es lo peor ya que implica ingreso cero", decía.En una de sus últimas intervenciones mediáticas, Bulat sostuvo que una de las grandes lecciones de la crisis de 2001-2002 en Argentina, es que es socialmente intolerable tener altísimo desempleo.Al final de la convertibilidad no aumentaba la inflación, pero aumentaba el desempleo (como sucede en Europa con su crisis). Y el punto es que el bienestar emocional de las personas disminuye con el desempleo.A esa conclusión arriban los estudios de Rafael Di Tella, un economista argentino que enseña en Harvard, y que lleva varios años investigando la denominada "economía de la felicidad".Aquí entra a funcionar la teoría del mal menor: entre dos alternativas desagradables (caída del salario o estar desocupado), se trata de elegir la que menos daños produce.Por lo visto la inflación provoca indudable malestar social. Pero la perspectiva de no tener empleo luce siempre más temible.Como sea, lo dramático es que haya que tener que optar entre perder poder adquisitivo (y caer en calidad de vida) o convertirse en un paria social por falta de trabajo.
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