El deseo de darle un sentido al terror histórico
¿Por qué el espanto de Japón? ¿Cómo es posible que la naturaleza desencadene tanto dolor humano? ¿Quién tiene la culpa? Son las preguntas que, invariablemente, se sigue haciendo el ser humano ante las realidades abismáticas.El hombre siempre soñó con controlar las fuerzas de la naturaleza. Primitivamente con la magia. Con la ciencia, luego, se lanzó a la audaz empresa del control absoluto de las energías cósmicas, a fin de hacerlas propicias para él."Saber es poder", decía Francis Bacon al sintetizar cabalmente una larga aspiración de la modernidad. Pero el poder parecido al que gozó Adán en el paraíso, según el relato bíblico, todavía parece lejano.Ahí están para corroborarlo las recientes calamidades naturales: Haití, Chile, Nueva Zelanda, Australia, China. Y ahora lo de Japón, que tiene características casi apocalípticas.La perplejidad, por tanto, persiste. "No es ni Dios ni el demonio; es la geología", lanzó un científico estos días, al salirle al cruce a las versiones que, según él, supongan una recaída en la metafísica o en algún pesimismo irracional.El autor de la frase es Juan Manuel García Ruiz, un geólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y profesor en la Universidad de Tohoku."Los nuevos chamanes de la izquierda clamaron que era una clara respuesta de la Tierra a nuestro maltrato. También obra de extraterrestres o sofisticadas operaciones militares. Pero no. No hay dioses ni demonios que expliquen esos desastres. Esto se llama geología", se despachó en un artículo, a poco de ocurrido el temblor en Japón."Aunque a veces huela a azufre, no son diablos ni dioses quienes las envían, ni son ejercicios con bombas nucleares, ni es la Tierra enfurecida con la humanidad. Esto se llama geología, es ciencia y es tecnología", resumió.García Ruiz activó así todo su sistema de creencias científicas para conjurar el temor asociado a la tragedia nipona. ¿Alcanza con proclamar que el problema es "geológico"? ¿Se satisface con ello el dolor ante tantas muertes?El mundo tal como es, con sus crueldades e injusticias, suscita un sinnúmero de interpretaciones. La lucha del hombre con el tiempo histórico, con la caducidad humana, ha sido una lucha por el sentido. Los mitos y las religiones, por caso, están en línea con el deseo de entender.Es dable observar, a propósito, la persistencia de la creencia de que el mundo se acerca a su fin inexorable, un signo de lo cual serían las catástrofes cósmicas, las plagas, el terror histórico, el triunfo del mal.Eso piensan los movimientos milenaristas y escatológicos, para quienes este viejo mundo -abominable e injusto- se resquebraja por todos lados, y en muy breve plazo será destruido.Ahora bien, después de un período de pruebas y de terribles cataclismos -especie de purificación por fuego-, vendría la restauración del paraíso en la Tierra, sostiene esta doctrina.El antropólogo Mircea Eliade dice que hay elementos escatológicos en las culturas más antiguas. Y reaparecen cada tanto, camuflándose incluso en ideologías modernas totalitarias, como el comunismo y el nazismo. Ambos anuncian el fin del mundo conocido y el principio de una era de beatitud y abundancia.Otros creen, sin embargo, que la historia universal es y será siempre la historia de las "convulsiones, los errores y los padecimientos de la especie humana (....) una triste cosa en definitiva, que ni las instituciones, ni las legislaciones, ni las máquinas de vapor pueden ni podrán nunca volver mejor", al decir de Arthur Schopenhauer (siglo XIX).El hombre, así, sigue buscando respuesta al enigma del mundo y la vida. Lo anima un deseo incurable de explicar lo que lo supera, de entender las fuerzas que están más allá de su control y gobierno, y que de algún modo condicionan su aventura en la tierra.Lo sucedido en Japón, la irrupción brutal de la naturaleza, reactualiza la inquietud.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

