El desgobierno global
Todo indicaría que un ordenamiento se ha desplomado ante nuestras narices, y ello ha traído aparejado la impresión de descontrol del proceso global, sobre todo económico.
En términos políticos, la palabra que suele describir ese vacío de reglas es “anarquía”, aunque propiamente resulta aventurado aplicarlo en la actual circunstancia.
¿Cómo describir la actual situación? Carlos Marx decía que la superestructura, entre cuyos fenómenos incluía al Estado y el derecho, era un reflejo de las relaciones económicas.
Es decir, el gobierno de las sociedades dependía de las mutaciones operadas en el plano material. ¿Estamos, entonces, ante una crisis de gobernabilidad originada por una conmoción económica?
Como el capitalismo ha creado las bases materiales de la sociedad mundial, hay cierto consenso entre los expertos en el sentido de que ese sistema colapsó, produciendo un tembladeral en el plano político.
Parece haber dos bandos a la hora del diagnóstico. Los apocalípticos están vaticinando el fin de la globalización del capital. Algunos ya han desempolvado a Marx, recordando la contradicción insoluble del capitalismo.
Después están los integrados al sistema, para quienes se estaría en presencia de un “desajuste” del mercado mundial, ante lo cual se impone la instrumentación de medidas correctivas.
Es el caso del ministro británico Gordon Brown, quien atribuye la crisis mundial a los cambios operados en el sistema en las últimas décadas, que ha ensanchado enormemente sus posibilidades.
Ante todo, la ampliación del mercado mundial “la más grande de la historia del capitalismo desde la Revolución Industrial”, que pasó de 1.000 a 4.000 millones de trabajadores.
A eso se suma, dice Brown, la conversión de los países emergentes en la mitad del PBI del planeta, y en responsables del 80% del crecimiento de la economía mundial en los últimos cinco años.
Los integrados tienen sus miradas puestas en la Cumbre del G-20, en la que convergen 22 países que representan el 85% del PBI mundial. Será el próximo 2 de abril en Londres.
Allí se debatirá, concretamente, el futuro del capitalismo mundial. Se pasará revista a la actual crisis financiera. Sobre todo con la intención de regular en el futuro los flujos dinerarios.
En esencia, siguiendo la distinción marxista, se buscará que la superestructura mundial –la política, el Estado y el derecho- remodele las relaciones económicas futuras.
O en otras palabras: se querrá recuperar el control sobre la economía desquiciada, ante la crisis de legitimidad que padece el sistema, y que incluye pérdida de confianza.
Así, “El G-20 se transforma en la plataforma de la gobernabilidad global”, piensa el analista argentino Jorge Castro. En su opinión, esa cumbre “tiene los recursos y el vínculo estructural que le permite fijar pautas, reglas y normas, el poder en el mundo de hoy”.
En suma, la crisis ha desatado una ola mundial de ingobernabilidad. Los líderes mundiales, al parecer, pretenden recuperar los controles institucionales de los procesos económicos que hasta aquí se movían con liberalidad.La Cumbre del G-20 aparece como un hecho político global trascend
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