El Día del Trabajo y la deuda social de la democracia
Rendido el homenaje a los trabajadores que instituyeron la jornada de 8 horas y a nuestros propios mártires fusilados en la plaza local, es necesario resignificar la dignidad del trabajo cuando el sistema abandona a la vera del camino las conquistas.Por Osvaldo Chesini (*) Opinión¿Deja de ser enfermera, abogado o maestra aquel que no ejerce? En el mismo razonamiento reivindico a los trabajadores que tienen los brazos rendidos por empujar contra el desempleo mientras la desocupación les arranca el futuro y los amarra al vértigo de las colas de quién sabe qué plan a la intemperie de la justicia social.Quizás la reconquista por algunos derechos venga de la mano de un sinceramiento que muestre que a más planes sociales tenemos menos trabajo genuino y que esa ecuación nunca tiene un resultado positivo. Para encaminarnos hacia eso la eliminación del IVA a los alimentos sería un buen comienzo. Nosotros, que producimos para abastecer el mundo, matamos el hambre con "cortes populares".Una treintena de años en democracia es una generación. Y ese cimiente debe concebir un Estado alejado de la maquinaria del voto donde a más incrustaciones de pobreza se cree que hay más votos, cuando la realidad muestra que a más trabajo hay una sociedad más feliz y justa porque es dueña y arquitecta de un destino.No digo que la solución esté a la vuelta de la esquina. Pero quizás en ese giro sea necesario buscar, como los gurises en el desvelo de la siesta, una nueva alianza social en la que dirigentes y desocupados estemos en la misma vereda, porque con un mismo punto de largada seguramente veremos juntos, un mismo punto de llegada. (*) Senador provincial - Peronismo Federal
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