El dilema de la transición: sabemos de dónde venimos pero no adónde vamos
El aroma de fin de ciclo envuelve todo lo que rodea la campaña. ¿Qué significa esa expresión? ¿A quiénes alcanzará? ¿Scioli podrá sacarse de encima la derrota y convencer al kirchnerismo duro para que lo apoye en su ambición presidencial? ¿Con cuánto poder quedará la Presidenta después del 27 de octubre? ¿Le alcanzará para imponer un nombre propio?Jorge BarroetaveñaLos ciclos políticos en la Argentina tienen características particulares desde que volvió la democracia en 1983. A la primigenia luna de miel, que dura lo que la economía dicta, le sigue una etapa de amesetamiento hasta que llega el comienzo del fin inexorable.En el caso de Alfonsín la luna de miel se extendió los dos primeros años, hasta que los ruidos de la economía empezaron a menguar su poder. En el medio tuvo que lidiar con el fantasma militar que le llevó no pocas energías y lo mantuvo en jaque todo el mandato. Menem extendió esa 'primavera' merced al control de la inflación y la privatización de todo lo que se le cruzó. Pese a los cuestionamientos sobre su escaso apego a las leyes y los síntomas de fatiga de la convertibilidad, fue reelecto en 1995.Fue el comienzo de su fin. De la Rúa dilapidó en un año y medio todo su capital político porque no pudo desactivar la bomba que Menem le dejó con la convertibilidad. Pensó que llamando al 'padre' de la idea podría encontrar la salida pero naufragó entre sus propias indecisiones y la crisis política de la estructura política que pergeñó con la Alianza.Hasta que en mayo de 2003 Néstor Kirchner desembarca en la Casa Rosada y construye lo que llega hasta nuestros días: una década de poder jalonada por la recuperación económica y el manejo férreo de todas las variables políticas. Pero la alternancia que imaginó alguna vez se vio interrumpida por su propia muerte y el proceso se alteró.Esta transición que se viene, y le insumirá los dos últimos años del segundo mandato a la Presidenta debería ser ordenada por un motivo excluyente: el peronismo busca sucederse a sí mismo.Y los principales candidatos tienen, más allá de los eternos debates ideológicos, esa misma raíz. A ninguno de ellos le conviene una debacle o someter al país a una crisis institucional. En el medio por supuesto, estará la fortaleza con la que el kirchnerismo se parapete frente a sus cuestionadores y hasta dónde se resistirá a que le impongan condiciones.La oposición tendrá un gran desafío en el Congreso de la Nación. Por segunda vez, como pasó entre el 2009 y el 2011 estará en condiciones de hacerse fuerte y mostrar que tiene algo más que consignas para arrebatarle el poder al peronismo. Para eso hará falta no sólo grandeza en sus dirigentes, algo que le ha faltado hasta ahora, sino también sintonizar con exactitud las demandas sociales y revertir una verdad callejera que es aquella que dice que sólo el peronismo está en condiciones de gobernar la Argentina. Estamos en el punto exacto en el que sabemos de dónde venimos pero todavía no está muy claro hacia dónde vamos. Es un puñado de dirigentes encumbrados el que deberá darnos esa certeza.-----------------------------------El conflicto con la ex Botnia cayó como una bomba en medio de la campaña. Desde ahora y hasta el 27 de octubre le será difícil a los candidatos entrerrianos eludir debate y opinión y no tendrán mucho margen para posicionarse. Hoy, años después del fallo de la Corte Internacional de La Haya, el conflicto está casi como empezó. Y nadie hace autocrítica.La política argentina decidió sepultar para siempre un conflicto que desde el principio le resultó incómodo. No sólo por la justicia del reclamo sino porque también servía de espejo para los graves problemas de contaminación ambiental que sufre el país. No deja de ser paradójico porque la Argentina cuenta hoy con una de las legislaciones más avanzada en esta materia en América del Sur, pero su aplicación es casi inexistente.La ausencia no sólo abarca a la justicia, también al poder político para quien los temas ambientales suelen volverse incómodos y áridos a la hora de conseguir votos. Todavía, en la jerga de buena parte de la dirigencia política, 'no garpa' tomar decisiones sobre medio ambiente. Son lindos y floridos los discursos durante las campañas pero a la hora de resolver, las acciones brillan por su ausencia.Gualeguaychú llevó adelante una lucha ambiental que se volvió ejemplo para todo el mundo pero incomodó a muchos sectores, desnudando su desdén por estas cuestiones. Del otro lado de la orilla la contradicción quedó aún más expuesta. Un gobierno de izquierda, encabezado por un hombre que está más allá del bien y del mal, a merced de una corporación que hizo y deshizo a gusto en todos estos años.Hace una década que arrancó la lucha de los ciudadanos de Gualeguaychú que querían que su río no fuera contaminado. Hace 10 años que su prédica cae en saco roto por la impericia de muchos, las mezquindades de otros tantos y los intereses económicos de unos pocos.El conflicto, con el fallo de la Corte Internacional de La Haya, nunca murió. Siguió vivo y ahora vuelve con sus coletazos. Y nadie podrá hacerse el distraído. Ni siquiera los que ahora se disfrazan de luchadores de siempre y apenas pudieron echarle tierra encima al reclamo lo hicieron. Los problemas que no se enfrentan a su debido tiempo, acaban por convertirse en una bola de nieve capaz de arrastrarlos a todos. Y el triste conflicto entre la Argentina y Uruguay es una buena muestra de ello.
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