El dilema poblacional detrás del bienestar
Parece existir una correlación entre progreso económico y baja tasa de natalidad. De hecho en Asia, donde florece una pujante clase media, los gobiernos promueven que las parejas tengan hijos.La población asiática está envejeciendo a un ritmo preocupante, en un momento donde la región goza de una prosperidad inédita. La tasa de natalidad es muy baja y la esperanza de vida es cada vez más alta. Si la tendencia no cambia, la región se encamina al hundimiento demográfico, según el pronóstico de varios expertos.El fenómeno contradice en apariencia el célebre planteo de Thomas Malthus, el economista inglés que dos siglos atrás vaticinó la autodestrucción de la humanidad justamente por el problema contrario: su capacidad de multiplicación."Sostengo que el poder de la población es indefinidamente más grande que el poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre. La población, cuando no se la controla, crece en progresión geométrica", escribió en su obra de 1798 'Ensayo sobre el principio de la población', donde se habla de que "la subsistencia sólo aumenta de forma aritmética".A menos que redujera voluntariamente su tasa de natalidad (lo que le parecía inconcebible), Malthus decía que la raza humana se encaminaba a una crisis inevitable, porque no habría qué comer.Curiosamente fue en Asia donde en la segunda mitad del siglo XX los gobiernos lanzaron políticas de control de la natalidad, para zafar justamente de la catástrofe malthusiana.China, con la política de hijo único en las zonas urbanas, introdujo en los años '70 una medida radical en este sentido para frenar el crecimiento poblacional. Resulta que hoy, tras incorporarse al capitalismo, y convertirse en potencia económica emergente, lidia con el envejecimiento de su población y procura incrementar la cantidad de niños.Lo mismo le está pasando a Singapur, donde la baja fertilidad está amenazando la prosperidad conseguida en las últimas décadas. Este moderno Estado del sudeste asiático tiene hoy una de las rentas per cápita más altas del mundo.Pero en esa nación, donde el bienestar social y el desarrollo económico han sido prioridades de sus gobiernos, la tasa de natalidad se sitúa entre las diez menores del planeta.Ahora la carencia de bebés se ha convertido en un asunto de máxima importancia nacional, ya que se teme que esto sea un serio obstáculo para seguir creciendo económicamente.De ahí que el primer ministro, Lee Hsienn Loong, ha pedido públicamente a la población que tenga hijos. "Singapur lo está haciendo bastante bien, nuestra economía creció un 1,7 % en el primer semestre de 2012 (...) pero el número de nacimientos sigue disminuyendo", puntualizó."Estamos concibiendo pocos bebés, tenemos un problema, a largo plazo la tendencia es mala pero no podemos darnos por vencidos, debemos hacer algo al respecto", señaló el funcionario.El primer ministro adelantó que el gobierno pretende aprobar una serie de medidas para promover la natalidad, entre ellas la de sufragar la baja paternal por el nacimiento de hijos, cheques-bebé y mayores facilidades para la atención médica a los niños, según consigna la agencia EFE.Una de las explicaciones del descenso de la natalidad en estos países se vincula a la hipótesis sociológica según la cual a más bienestar menos hijos. La aparición de una próspera clase media en Asia hace que las parejas jóvenes estén más preocupadas por el éxito laboral y material que por crear una familia.
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