El dilema de qué hacer con la basura electrónica
Los chiches de las nuevas tecnologías se vuelven obsoletos en tiempo récord. Pero con el descarte veloz estamos creando un problema ambiental. Porque los compuestos tóxicos de esos aparatos permanecen.Es la contracara del consumo: el costo ambiental por no saber qué hacer con los artículos que se tiran. La cuestión es más dramática con los que produce la industria electrónica, que necesita materiales como cadmio, mercurio y plomo.Entre 2002 y 2010, la venta de productos electrónicos en Argentina aumentó el 891 por ciento, según la consultora Euromonitor Internacional. Hay un frenesí por computadores, impresoras, celulares, televisores, multiprocesadores y demás.Además se sabe que los electrodomésticos cada vez duran menos. Los fabricantes les acortan deliberadamente la vida útil, para incentivar el consumo. A esto se le llama "obsolescencia programada".Pero después está la "obsolescencia percibida", es decir cuando el producto sigue siendo útil, pero el consumidor percibe que ya pasó de moda y lo cambia por otro nuevo.El dato más inquietante es que de las 100.000 toneladas de aparatos electrónicos que se descartan por año en Argentina, sólo se recicla aproximadamente el 2 por ciento, según Greenpeace.Con respecto a las computadoras, se calcula que en el país se descartan más de un millón. En cuanto a los celulares, en los últimos dos años se desecharon casi 10 millones.Lo demás termina en la bolsa de basura, en la vereda, en services o acopiados en roperos, garajes y oficinas públicas y privadas. Hoy, en el país, en una casa de una familia tipo pueden contabilizarse unos 50 aparatos o dispositivos eléctricos o electrónicos.Ese es el cálculo de Gustavo Protomastro, director de Escrap, una red de operadores de residuos que promueve el uso sustentable de los aparatos electrónicos.De ese total, se desechan unos 10 Kg. por año, es decir unos 3 por habitante, y cuyo mayor peligro son los componentes altamente contaminantes que poseen, como mercurio, cadmio, bromo, selenio y plomo."La venta como segunda mano ha caído notablemente a la par del ciclo de vida de esos aparatos. Entre el 30 y el 40% de lo que va a la basura termina contaminando suelos y rellenos sanitarios; lo que se deja en la vereda es recuperado por cartoneros o chatarreros en busca de sus metales, pero también se desechan", explicó al diario La Nación.Y agregó: "Más del 50% queda acopiado en casas y una pequeña fracción llega en la actualidad a plantas, debidamente, para ser reciclada. De 120.000 toneladas anuales, no más de 10.000 se reciclan en plantas habilitadas".Se considera que el Estado debe cumplir un papel en esto, regulando la producción e incentivando a las empresas para que se vuelvan sustentables. En mayo de este año, el Senado de la Nación aprobó el proyecto que promueve la responsabilidad del fabricante hasta el destino final del producto.Hoy el proyecto espera su aprobación en la Cámara de Diputados. Lo que está en juego es qué hacer con las 100.000 toneladas de basura electrónica que se generan por año en el país.Los expertos en sustentabilidad aseguran que llegó el momento de consumir con conciencia ecológica. Pero aclaran que hace falta un cambio profundo en el nivel individual, y que las empresas asuman un compromiso social para producir responsablemente, y los gobiernos se comprometan con esta causa.Consideran que hay que equilibrar consumo, ambiente y salud con el diseño de productos duraderos, con menos materiales peligrosos y minimizando los desecho a través del reciclado.
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