El dios billete mató al planeta
El cambio climático dejó de ser un pronóstico para ser una realidad, debemos cambiar para atenuar el impacto. Por Dr. Abel Lemiñ[email protected] Los ríos nacieron limpios y naturalmente siguieron el curso que la naturaleza les signó, los árboles crecieron sin necesidad de riega artificial y así se formaron montes, bosques y selvas. Las montañas atravesaron los siglos con sus componentes minerales, con su cobertura verde o rocosa, los mares bañaron siempre las costas, albergaron a miles de especies de animales, entre peces, focas, ballenas y tiburones, los esteros, las lagunas y los lagos eran parte de un planeta tranquilo y ordenado. Pero un día, llegamos los humanos y algo comenzó a cambiar.Lo que al principio no traía consecuencias, por ser poco numerosas las tribus, la población del mundo era rala y sólo se concentraban sociedades de mayor cantidad de habitantes en algunos lugares, esos en los que podemos decir nacía la civilización.Civilización que de a poco tomó posesión de todo, y comenzó a generar cambios, a creerse amo y señor del mundo, con autoridad para hacer y deshacer a su antojo.Los primitivos veían dioses en la naturaleza, los civilizados vieron negocios.Así, de a poco, nos transformamos en ateos de lo natural, le perdimos el respeto al equilibrio y transformamos en dios al bolsillo, en catedral a la billetera y al dólar (hoy Euros) en rosario al cual rezarle todas las noches.Nos horrorizamos como algunas tribus sacrificaban personas para ofrendar a sus dioses, y hoy sacrificamos al planeta para honrar a ese dios material llamado mercado. Y con ese sacrificar aire, agua y suelo, se sacrifican pueblos enteros, y entonces cabe la pregunta quien es más brutal, si aquellos pueblos primitivos, o nuestra generación cibernética.Yo tengo mi respuesta, pero qué cada uno tenga la suya, que surja de la reflexión y no del impulso, para eso somos pensantes, por lo menos eso dice el manual de instrucción de las especies.Así talamos árboles a mansalva, pudrimos ríos y arroyos, ensuciamos mares, desaparecimos especies animales y vegetales, ensuciamos el aire y quebramos la atmósfera, dinamitamos montañas para sacar sus metales, los lavamos con cianuro aunque contaminen el agua, cargamos de productos químicos las aguas y los suelos, desviamos cursos de ríos, bombardeamos el fondo del mar para pruebas nucleares, hace años hicimos dos hermosos hongos atómicos, donde había árboles ahora hay soja y después habrá desierto y cuántas cosas más que hicimos y hacemos cada día, justificándolo con la teología del billete.Desapareciendo cada años millones de hectáreas de bosques, los vientos no pueden detenerse, la humedad del aire y del piso se alteran, las inundaciones y las secas se dan en cualquier lugar, granizo y vientos huracanados, un tsunami por allá, un tornado por acá, todo es posible en esta locura climática.Ese es el diagnóstico general, decimos que el clima se volvió loco, sin embargo, el clima nunca perdió su cordura, sólo responde al accionar de los verdaderos locos del planeta, los feligreses del mercado, esos que ahora en Copenhague, discuten a ver como seguimos gestando este desastre con el discurso, a esta altura de las circunstancias, poco creíble de lo sustentable. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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