El discurso en las campañas políticas
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¿Los políticos que se postulan para ocupar un cargo ejecutivo o legislativo, dicen lo que piensan o lo que el electorado quiere escuchar? ¿Sirven las campañas electorales para ilustrar la conciencia ciudadana?"Si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie". Esta frase antológica, que se le atribuye a un expresidente muy votado en estas pampas, sugiere que las campañas electorales son equívocas.Cabría postular la hipótesis de que los candidatos, obsesionados por ganar en las urnas, deben seducir a un electorado que, por otro lado, está deseoso de escuchar cosas agradables.De aquí se desprende la famosa afirmación de Otto von Bismarck: "Nunca se miente tanto como antes de una elección, durante una guerra o después de una cacería".En la democracia gana quien obtiene más votos, y para ello hay que lograr la simpatía y la adhesión de buena parte de la opinión pública. ¿Se puede lograr eso diciendo la verdad?La pregunta es: ¿está el electorado interesado en escuchar sólo verdades, o más bien presta oídos a aquel discurso que sintoniza con sus deseos y que le plantea un mañana maravilloso?Los estudiosos de opinión pública hablan de la "ambigüedad deliberada" como método para ganar adeptos. La idea es elaborar un discurso vacío en el que quepan todas las interpretaciones de la realidad, de suerte que sea la gente, al final, quien llene ese discurso con lo que quiere escuchar.El teórico de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, decía que no hay triunfo del persuasor sin la complicidad del receptor, en el sentido de que hay una tendencia humana a querer oír lo que va en línea con nuestros deseos o intereses.Para muchos críticos de época, vivimos un tiempo en el que el consumidor se ha deglutido al ciudadano. Esto es: la ciudadanía ha quedado reducida al acto de comprar y vender productos de mercado (entre los que se incluyen los propios candidatos electorales).Si es así el mundo de los negocios ofrece un modelo para entender la estrategia electoral y la expectativa de los votantes. Es lógico, en este sentido, que el vendedor sólo pinte las bondades de su bien o servicio, y oculte los inconvenientes.En la Argentina de hoy es visible la disonancia que existe entre algunos diagnósticos y las promesas electorales. Muchos expertos coinciden en que la economía, por ejemplo, arrastra severos problemas.Por ejemplo: grave déficit energético, desequilibrios entre los precios relativos, problemas de doble mercado cambiario, huida del peso, escasez de divisas, estancamiento económico, caída de los precios de los productos de exportación.Algunos especialistas auguran una catástrofe económica si el país no endereza el rumbo. Sostienen que el "ajuste" es inexorable y que si a esa corrección no la hace la política la hará salvajemente el mercado.Sin embargo, la política no registra este diagnóstico. No se ve a los candidatos llamando a la población a realizar sacrificios o convocándolos a un esfuerzo patriótico.¿Será porque ese diagnóstico es incorrecto, no se condice con la realidad? ¿O porque no se puede ganar una elección diciéndole la verdad a los electores, a los que no se quiere atemorizar?Esta pregunta sólo el tiempo la contestará. Dentro de unos meses se sabrá si los discursos políticos eran consistentes u obedecían a la coyuntura electoral. Si lo que hacen y dicen los candidatos hoy, en suma, tendrá relación con la realidad.El proceso, en tanto, tiene la contracara por el lado del electorado. ¿Qué quiere ver y escuchar, a la hora de decidir a quién elegir?
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