El docente, ¿una figura prescindible?
A la luz del desprestigio de la tarea docente y de la duda instalada respecto del valor del conocimiento que en ellos se corporiza, cabría preguntarse si el maestro es necesario. El planteo suena extremista, es cierto, pero una serie de indicadores de la realidad sugieren que la centralidad que alguna vez tuvo el docente se ha debilitado sustancialmente.Guillermo Jaim Etcheverry, ex rector de la UBA y miembro de la Academia Nacional de Educación, en un escrito de 2013, se queja justamente de que las teorías pedagógicas en boga menoscaban la función docente.Han caído en desprestigio, dice, expresiones tales como "enseñar" o "dictar clases", las cuales respondían a la imagen de alguien, el maestro, que sabía más que sus discípulos, a los cuales por tanto debía instruir.Pero al parecer éstos últimos no serían tales, es decir sujetos necesitados de aprender. Sino más bien seres humanos que, pese a su edad, portan una sabiduría innata.Esta concepción ha llevado, según Jaim Etcheverry, a que los propios niños y jóvenes, al igual que sus padres, "consideren que todo intento de enseñarles es una molesta intromisión en sus vidas".El académico añade: "Supremo creadores, los niños no necesitan aprender nada ya que por ser contemporáneos y manejar con destreza instrumentos de su tiempo, parecen saberlo todo".Llevada la hipótesis al extremo, Jaim Etcheverry se pregunta: si los chiquilines ya saben hablar, ¿para qué enseñarles la lengua? ¿Para qué interferir en su creatividad pretendiendo que se esfuercen en aprender reglas?Pero muchas sociedades, sostiene, están de regreso de estas tendencias "modernizadoras", y han vuelto a reivindicar el papel del maestro como persona que tiene algo para enseñar."Ha sido y es necesario que los maestros se interesen por los problemas personales y sociales de sus alumnos pero eso no justifica que se los estimule a abandonar su función esencial: desarrollar las posibilidades intelectuales de cada uno de los niños y jóvenes puestos bajo su cuidado", concluye Jaim Etcheverry.Educación viene de 'educere', de sacar una cosa de otra, de convertir una cosa menos buena en otra mejor. Este proceso es inimaginable sin el educador, quien está llamado a tomar a su cargo las potencialidades que laten en los aprendices.La vida intelectual de éstos puede no desarrollarse de manera plena, de hecho, si a un chico con gran potencial le toca en suerte un mal maestro. Si el docente falla, aunque el entorno sea favorable, la educación fracasa."Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él", dijo el filósofo Immanuel Kant. Algo que cabría completarse diciendo que esa educación es inconcebible sin la figura del buen maestro.Eso cree el filósofo español Fernando Savater, para quien el maestro es una figura imprescindible, que ningún dispositivo tecnológico aplicado a la escuela o que ninguna innovación curricular puede sustituir.Al respecto ha dicho: "A pesar de nuestros intentos por convertir a la docencia en una ciencia, a pesar de inventar materiales de enseñanza a prueba de maestros, y aun a pesar de nuestra intención de crear 'nuevos currículos relevantes', un simple hecho hace que todos estos propósitos naufraguen. Efectivamente, un estudiante aprende cuando siente que su maestro es una persona auténtica, cálida y curiosa".La celebración hoy del Día del Maestro es una ocasión para reflexionar, así, sobre su alta misión.
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