El drama local de la pobreza extrema
Lo que llama la atención son las condiciones de marginalidad en las que viven. Su principal drama es la ausencia de una vivienda digna. Son grupos familiares, con fuerte presencia de niños, que habitan en casuchas miserables.
Las cuales están improvisadas con cartones, maderas, nylon y chapas. Y se apiñan una al lado de la otra, constituyendo verdaderos barrios marginales, adonde no llegan los servicios básicos.
Estos asentamientos, de distinta magnitud, se distribuyen en distintos puntos periféricos de la ciudad, generando una geografía urbana y social caracterizada por la pobreza extrema.
Hay que aclarar que la pobreza en la periferia del casco urbano no es nueva en Gualeguaychú. Siempre hubo sectores sociales deprimidos. Sin embargo, este fenómeno nunca alcanzó la morbidad que existió en otras ciudades.
¿Acaso la presencia de estos nucleamientos poblacionales emergentes configuran una nueva geografía de la pobreza en Gualeguaychú?. No conocemos ningún relevamiento oficial que dé cuenta del fenómeno.
Tenemos la impresión periodística, eso sí, de un crecimiento de asentamientos precarios en distintos lugares. Algo por otra parte corroborado por la titular de Planeamiento Municipal, Amalia Peroni.
La funcionaria, en declaraciones a este diario, reconoció que el problema “va en aumento, ante la falta de terrenos para construir casas”. Y al explicar por qué se crean los asentamientos, declaró:
“Existe gente muy joven que deja de vivir con sus padres y forma pareja, tienen hijos. Además, hay familias anotadas esperando por una vivienda”, explicó.
Por otro lado, en los nuevos asentamientos es posible detectar la presencia de gente de otras provincias. Aunque desconocemos cuál es la magnitud de esta población.
Paralelamente, y acompañando este fenómeno, se ha verificado el último tiempo la usurpación de terrenos privados por parte de familias necesitadas de vivienda. Suceso que motivó, en su momento, la intervención de las autoridades municipales.
A primera vista, está claro que hay un déficit habitacional importante. Si los sectores medios de la Argentina no pueden hacerse sus casas, menos lo pueden hacer los pobres.
Si el Estado no interviene, realizando viviendas de interés social, estas poblaciones quedarían totalmente excluidas de tener un techo propio. Pero el problema de fondo es la pobreza.
Lo ideal sería que la gente se pueda hacer su casa por medios propios. Sin depender de la asistencia estatal. Pero en el país donde hay más de 12 millones de pobres esto suena utópico.
¿Qué se puede hacer desde el gobierno local para paliar el problema? Como se sabe, la municipalidad depende básicamente de los fondos que le gire la Nación.
En los últimos años, mediante esta vía, se concretó el llamado Plan 1.000 Viviendas. Fue la modalidad que se encontró para hacer frente al gravísimo problema del déficit habitacional de los sectores populares.
A propósito, habría que pensar qué hubiera pasado en Gualeguaychú sin la realización de estos barrios sociales, que no obstante son cuestionados por razones urbanísticas.
¿Acaso tendríamos más asentamientos precarios en Gualeguaychú? Una cosa sabemos: algo hay que hacer para evitar que se extienda este fenómeno a nivel local.
Hay múltiples razones políticas, sociológicas, urbanas y sobre todo humanas que impulsan a esta ciudad a no convalidar la extensión de una de las caras de la pobreza extrema.
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