El eclipse educativo es el de la sociedad
Creer que la crisis educativa se resuelve con plata o la voluntad de un puñado de burócratas y sindicalistas, es no ver la profundidad del problema, cuya base es axiológica.Estos días se conoció que la escuela en Entre Ríos viene descendiendo desde el punto de vista de los rendimientos y la calidad. Los chicos, dice la medición, tienen dificultades en lengua y matemáticas.En tanto, se supo que la Universidad de Buenos Aires (UBA) bajó 28 lugares desde el año pasado, ubicándose en el patético puesto 326° en el ranking de las universidades internacionales.Cambridge es la mejor casa de altos estudios del mundo. En Latinoamérica, la mejor ubicada es la Universidad Autónoma de México. La noticia de la declinación de la UBA ocurre justo cuando cuatro de sus facultades estaban tomadas, en solidaridad con las tomas de colegios secundarios en la Capital.Decir que sin educación el país no tiene ningún tipo de destino parece una afirmación tan obvia que no merece, a esta altura de la civilización, que se abunde más en ella.Sin embargo, quisiéramos reiterar que el debate educativo suele pasar por andariveles gastados y equivocados. El discurso más escuchado es que la actual decadencia es achacable a las políticas gubernamentales.No vamos a subestimar la importancia de la gestión estatal en este frente. Pero creemos que este diagnóstico, fogoneado por los sindicatos docentes, es precario.Y esto porque no ve las tendencias ético-culturales profundas que moldean la escuela, el contexto axiológico que atraviesan todos los estamentos de la sociedad argentina.En este sentido, nos identificamos más con la letra del tango "Cambalache" que con la visión de los "expertos" en educación. Creemos que hay más verdad en ese tango escrito por Enrique Santos Discépolo hace 75 años, que en los sesudos análisis profesionales."Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor,/ ignorante, sabio o chorro,/ generoso o estafador./ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor./ No hay aplazaos ni escalafón,/ los ignorantes nos han igualao".En realidad "Cambalache" ayuda a describir a la sociedad argentina, es decir a su escala de valores, según la cual los méritos, esfuerzos y competencias no cuentan.No hacen falta investigaciones geniales para saber que aprender supone un constante esfuerzo por superarse, un ansia por alcanzar cotas mayores de excelencia. En esta esfera no rige el "todo es igual, nada es mejor".Muchos adultos se quejan de que los chicos no saben leer, o que no comprenden lo que leen, ¿pero cuántos padres leen en sus casas, delante de sus hijos? ¿Adónde va el presupuesto familiar: invertimos nuestro dinero en libros antes que en un auto, un electrodoméstico o vacaciones?Guillermo Jaim Etcheverry dio en el clavo cuando escribió: "Nuestra sociedad, que honra la ambición descontrolada, recompensa la codicia, celebra el materialismo, tolera la corrupción, cultiva la superficialidad, desprecia el intelecto y adora el poder adquisitivo, pretende luego dirigirse a los jóvenes para convencerlos, con la palabra, de la fuerza del conocimiento, de las bondades de la cultura y de la supremacía de la cultura.".En este marco, creer que el proceso de "desculturización" de la sociedad argentina se revierte con algún artificio estatal -como aumento a los docentes o mejoras edilicias-, suena hasta superficial.La miserabilidad educativa es más profunda y empalma con la vigencia de un contexto axiológico contrario al estudio. "La tragedia educativa se aloja entre las paredes de nuestras casas y refleja fielmente nuestros valores", resume Jaim Etcheverry.
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