El ejercicio de la política y la ley de la reputación
En democracia pocos oficios encumbran más que la política. El acceso al poder, que supone colocarse por encima del resto, suele ir acompañado de prestigio. Aunque nada más volátil que la fama en esta resbaladiza actividad humana.Es interesante, al respecto, lo que acaba de ocurrir con el humorista José María 'Pachu' Peña, quien a poco que hizo pública su intención de ingresar a la política, dio marcha atrás de un modo disonante.El personaje televisivo fue tentado para ser candidato a gobernador de Santa Fe. Luego aceptó postularse a una banca en la diputación provincial, pero declinó esa posibilidad afirmando que no quería "saber nada con la política"."Tenía pensado ser diputado y sorprender a todos: la mitad de mi sueldo lo quería donar a los hospitales de Santa Fe. Pero ya está", sostuvo el cómico al bajarse de la propuesta.¿Qué le pasó al humorista que saltó a la fama por trabajar junto a Marcelo Tinelli? A juzgar por las explicaciones que dio, no se arriesgó a ensuciar esa fama, incursionando en un oficio que la dañaría.Dotado de un sexto sentido para sintonizar con el hombre de la calle, el artista parece haber capturado la mala onda hacia los políticos que hay en sectores importantes de la sociedad, y esa circunstancia lo acobardó."Para la gente meterse en la política es sinónimo de que vas a afanar, y yo no quiero que piensen eso", declaró Peña, quien remarcó que no está dispuesto a empañar su imagen pública.Aunque de las anécdotas no se pueden hacer tendencias generales, el rechazo a hacer política del humorista es sugerente y acaso sirva para más de una reflexión.Por ejemplo, ¿es síntoma de mal humor social hacia la política y quienes la practican? El rechazo visceral hacia la clase política, a la que se acusa de corrupta, sobreviene cuando la economía anda mal.La estanflación, con su secuela en la caída de ingresos y falta de movilidad social, ¿está produciendo hoy ese fenómeno social?En Argentina la opinión hacia la política es tributaria de la coyuntura económica. Esta parece una ley de la democracia vernácula.Cuando se afecta al bolsillo -el órgano más sensible del ser humano, según el general Perón- cruje la superestructura estatal, y entonces los políticos de repente son ineficaces, corruptos, mentirosos, incompetentes y sólo se representan a sí mismos.¿Teme quizá 'Pachu' Peña que al entrar en este gremio, en la actual coyuntura, le caiga a él semejante descrédito? ¿Y en qué medida, por lo demás, no es esta misma razón la que está detrás de que mucha gente no participe en política?Pero el episodio del humorista tiene otras aristas, y una de ellas es la importancia que cobra en las personas el aspirar a la fama, y una vez obtenida, la necesidad imperiosa de conservarla.El reconocimiento y la aceptación por parte de los demás es una necesidad primaria. Esto lo vio como nadie el filósofo inglés John Locke, quien dijo que existían tres tipos de leyes: la divina, la legal y la de reputación.La mayor parte de los hombres, señaló, le teme menos a los castigos por incumplimiento de los mandamientos religiosos o de las leyes del Estado que los que resultan de la negativa opinión ajena."Nadie que tenga el menor entendimiento o sentido humano puede vivir en la sociedad con la continua aversión y mala opinión de los familiares y las personas con las que trata. El peso es demasiado grande para poder sufrirlo", escribió el inglés.
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