El empleo, la economía y la amenaza de la máquina
El cambio tecnológico, en distintas etapas de la humanidad, ha producido un considerable reemplazo de la mano de obra. Se trata, en el fondo, de una vieja puja entre el hombre y la máquina.A propósito, La Nación publicó hace poco un artículo aparecido en The Wall Street Journal Americas, con la firma de Timothy Aeppel, donde se sostiene que nunca como ahora la economía norteamericana está sustituyendo capital por mano de obra."En ninguna otra recuperación estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, las empresas han sido tan rápidas en impulsar el gasto en maquinaria y software y, al mismo tiempo, más lentas a la hora de contratar empleados", refiere el artículo.Aeppel parece remitirnos a la "paradoja de la productividad", según la cual la máquina produce inmediatas ganancias de productividad y disminución de costos, pero tiene como contracara el alto desempleo.El potencial tecnológico se transforma en más producción y rédito económico, y se diría que se trata del abecé de la acumulación capitalista. Ningún empresario -a menos que haga filantropía- dejaría de gastar en capital, si esta vía le reportase más plusvalía.En los '90, la escritora francesa Viviane Forrester se hizo famosa con el libro "El horror económico", cuya tesis principal es que la actual economía, por primera vez en la historia, prescinde del trabajo humano.A su juicio el mundo del pleno empleo terminó. El dato no es coyuntural sino que marca el fin de una civilización y el comienzo de otra, en la cual habrá que imaginar formas alternativas de trabajo para que el salario no desaparezca.Todos somos víctimas de esta "horror económico", afirma la ensayista francesa, quien sostiene: "Me parece que la ferocidad reside en que, por primera vez, la gente ya no es indispensable para la economía y para los que ejercen el poder. Y entonces nos damos cuenta de que había algo peor que ser explotado: no ser siquiera explotable".Según Forrester, hemos pasado de la explotación en el trabajo "a la exclusión de una sociedad fundada en el empleo que desaparece y que nos marca que somos reemplazables por la tecnología, decididamente superfluos".La pregunta es, ¿tiene asidero esta afirmación? ¿Es cierto que la actual economía necesita cada vez menos del trabajo humano, ya que las máquinas lo podrán hacer todo?A Aeppel, efectivamente, le llama la atención que la contratación de personal vaya a la saga del aumento de productividad que está exhibiendo la economía norteamericana, a causa del mayor capital incorporado.Sin embargo, cree que se trata de un fenómeno coyuntural. Al respecto, se consuela con el argumento de que la historia sugiere que la inversión que aumenta la productividad a la larga crea puestos de trabajo y eleva los niveles de vida."La mecanización agrícola y la automatización de las fábricas desataron temores de desempleo permanente, pero la eficiencia en la producción de las materias primas creó puestos de trabajo en todo tipo de servicios", comenta.Aeppel afirma que la mayoría de los economistas dice que el aumento actual de la productividad surtirá el mismo efecto benéfico a largo plazo. En el corto plazo, sin embargo, la mayor eficiencia permite a las empresas demorar la contratación.Por lo demás, es interesante hacer constar que al principio la Revolución Industrial suscitó los mismos temores respecto de que la máquina venía a competir con el hombre. Pero el tiempo demostró que se generó al cabo más mano de obra.La actual revolución tecnológica, ¿producirá lo mismo?
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