El engaño suele ser algo también deseado
Hay más de una razón para dudar que el ser humano alcance alguna vez aquel ideal humanista de individuos autónomos e independientes, obsesionados por la veracidad.El temible Friedrich Nietzsche decía que el valor de un espíritu se mide por su capacidad para soportar la verdad. ¿Cuántos son los valientes, por tanto, que son capaces de pagar un alto precio por la lucidez?En su libro 'Vida Líquida', Zygmunt Bauman, al evaluar las posibilidades de emancipación humana, cita a un pesimista Theodor Adorno, uno de los teóricos de la neomarxita Escuela de Frankfurt."El mundo quiere que le engañen", es la categórica sentencia de Adorno, que no deja de tener un sabor nietzscheano. "No es que las personas se traguen el cuento, como se suele decir, (...) es que desean que les engañen", refiere."Sienten que sus vidas serían completamente insoportables si dejaran de aferrarse a satisfacciones que no lo son en absoluto", afirma. De esta manera, sienta la hipótesis inquietante de que no es cierto que todas las personas, o al menos una mayoría de ellas, quiera vivir en la lucidez.Bauman trae a colación a Adorno para explicar el hecho de que tantos mensajes del mercado tienden a ser recibidos con gratitud y a gozar de un crédito incondicional.Y esto, cree, es porque dichos mensajes prometen aplacar y mitigar los tormentos espirituales que muchas personas padecen y que tratan en vano de ahuyentar y reprimir.En esta línea, hay una serie de ensayos que sientan la tesis de que el ser humano prefiere sacrificar sus convicciones arropándose en el grupo antes que sufrir los sinsabores del aislamiento.En realidad, esto es muy humano en opinión de la especialista en opinión pública Elisabeth Noelle-Neumann, para quien la causa de este comportamiento reside en que las personas buscan en todo momento evitar el la marginación social.Este miedo es la base del conformismo social. Ya Alexis de Tocqueville, cuando quiso explicar por qué nadie en Francia defendía a la Iglesia a fines del siglo XVIII, escribió que la gente "teme más el aislamiento que el error".Para Neuman el mimetismo social (no así el deseo de autonomía individual) tiene un peso arrollador: "Los individuos, percibiendo casi instintivamente las opiniones que les rodean, adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no".Sigmund Freud, por su lado, dedicó un célebre ensayo donde sostiene que el grupo desea ser gobernado por una fuerza ilimitada, siente una pasión extrema por la autoridad, tiene sed de obediencia.Fue Erich Fromm, en su célebre libro 'El miedo a la libertad' (1947), quien captó la existencia de una personalidad colectiva proclive a la sumisión espontánea, cuya dialéctica psico-social es la base de los regímenes totalitarios.Habla de que en estos regímenes se verifica una "simbiosis" entre el poder sádico del líder, afectado por el impulso irracional de dominación ilimitada de los demás, y el anhelo de sumisión masoquista del pueblo a un poder exterior omnipotente.En el fondo, dice Fromm, todo es un mecanismo de evasión de la libertad. El impulso de sumisión del gobernado supone el abandono de la independencia del yo individual para fundirse en alguien (líder), único protector y pensante.La frase de Nietzsche, que da a entender que el error no es ignorancia sino cobardía, sigue revoloteando. ¿Cuánta verdad puede soportar un espíritu o una sociedad? ¿A cuánta verdad se atreve?Y si no quiere le veracidad, porque le resulta peligrosa y costosa, ¿hasta dónde está dispuesto a ser engañado, como dice Adorno, renunciando así a la opción de la lucidez?
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

