El enojo y cómo lidiar con las frustraciones
El acto de enojarse es natural y humano. Pero sin control puede convertirse en una emoción destructiva. ¿Será cierto que los argentinos hemos hecho del enojo una cultura?En la casa, en la escuela, en la calle, en el trabajo. Donde uno observe atentamente se topará con alguien que está enojado por algo. Y nosotros mismos debemos lidiar con esta emoción fuerte.Los motivos siempre sobran: la humedad, el tránsito, la plata que no alcanza, la presencia indeseada del otro, la marcha del país y del mundo, la envidia. Las cosas que molestan, que "sacan de quicio", son variopintas.En el diccionario se lee esta definición de enojo: "movimiento del ánimo que, como resultado de algo que nos contraría o perjudica, nos dispone contra una persona o cosa".¿Es posible que estemos exasperados sin saber por qué? Al parecer esto es muy corriente; es decir nos cuesta identificar el motivo de nuestro enfado, aunque sospechamos detrás un sufrimiento, una amenaza o un peligro.Por otra parte, si cualquier cosa que se coloca como límite al deseo, si lo que ocurre no condice con lo que esperamos que suceda, es causal de enojo, habrá que concluir entonces que la vida en sí misma es enojosa.Baja tolerancia, por tanto, a la frustración. ¿Pero es que acaso la vida tiene que plegarse automáticamente a nuestro deseo, como si fuésemos el centro del mundo? ¿De quién se puede decir que las cosas le ocurren según sus necesidades y creencias?¿Dónde está aquel al cual nada la molesta? ¿No será pedir un imposible que cuanto sucede, en nuestra propia vida y en el entorno, debe colocarse en línea con nuestro querer?Hay razones para sospechar que el enojo está íntimamente relacionado con nuestras expectativas, con aquellas exigencias que le planteamos a la realidad. ¿Será que una manera de regular el enojo consiste en regular las expectativas?El enojo no sólo es una reacción natural. Aunque la psique y el cuerpo alcancen una tensión desacostumbrada, a modo de reacción defensiva, no deja de tener un costado positivo.Es una emoción que muchas veces puede ser el motor que permite avanzar hacia una meta. Puede convertirse en una fuerza o una energía necesaria para lograr un cometido.Se sabe, por otro lado, que la imposibilidad de controlar la ira es mala contra la salud física y psíquica de las personas. La bronca sin control, surgida de una frustración intolerable, puede desgastar y destruir a quien la padece y su entorno.Por otra parte, la literatura psiquiátrica enseña que detrás de una persona colérica e irascible, se puede esconder un cuadro depresivo severo. Aquel que insulta por todo, y nade la viene bien, podría estar manifestando un estado anímico de abatimiento.¿Los argentinos nos enfadamos más de la cuenta? ¿Tenemos un carácter colectivo quejoso? La doctora en filosofía Esther Díaz cree que sí y esto se echa de ver, opina, en la crítica permanente."Ejercemos la crítica de una manera cruel. Hasta nos quejamos del tiempo cuando no encontramos otro motivo mejor calificado para enojarse", dice. Según su óptica, todo lo que escapa a nuestro parecer, lo que no responde a nuestras necesidades, es blanco de crítica y enojo.En este sentido, parecería haber una tendencia cultural a notar los defectos y los vicios de los demás y no los propios. "Creo que quienes tienen autocrítica se enojan menos", sostiene al respecto Esther Díaz.Como sea, ya el Evangelio moraliza sobre los que ven la paja en el ojo del vecino y no ven la viga en el suyo. No verse a sí mismo, pero criticar severamente a los demás, es una inclinación muy humana.
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