El envejecimiento estaría detrás de la crisis europea
El desplome económico europeo, que amenaza las bases de la globalización, estaría íntimamente conectado con el envejecimiento de una sociedad opulenta que no quiere tener hijos.La tesis del economista Ricardo Arriazu, publicada ayer en Clarín, no deja de ser original. En lugar de hacer foco en el carácter "especulativo" del capitalismo -trillado diagnóstico de los analistas-, finca la crisis europea en una variable antropológica.Arriazu sostiene que los déficits presupuestarios de la eurozona están en el sistema de seguridad social. Allí radica, dice, la insolvencia de todo el sistema.En este punto la economía está ligada con la biología. En efecto, para financiar un sistema de jubilaciones se necesita una población joven, que haga los aportes necesarios.Sin transferencias de ingresos de un trabajador en actividad a otro en retiro, es imposible sustentar el régimen previsional. Como se ve, la economía cuenta en este caso con el apoyo de los que trabajan a los que no pueden hacerlo.¿Qué pasa si hay más ancianos que jóvenes aportantes, al menos en la proporción que se necesita para que el ahorro de éstos últimos alcance para financiar las jubilaciones de aquellos?Éste es el desequilibrio más inquietante del estado de bienestar europeo, en opinión de Arriazu. La "Vieja Europa" no es sólo una expresión histórico-cultural sino biológica.El "envejecimiento de la población europea" explica "en gran medida su actual crisis económica", sostiene el especialista, instalando una variable no económica en su diagnóstico.En Grecia, por ejemplo, "las transferencias sociales (en su mayoría, pagos de jubilaciones) se incrementaron en forma sostenida durante los últimos años y en la actualidad exceden el 20% del PBI (lo que representa el 50% de los gastos fiscales primarios de ese país), mientras que los aportes al sistema permanecen estancados y sólo representan el 13% del PBI", apunta Arriazu.Es decir, cuando la población envejece los ingresos se estancan o caen mientras los pagos de las jubilaciones crecen. De esta manera se rompe la ecuación básica de cualquier sistema previsional.Entonces las cuentas públicas se desbalancean y los gobiernos deben recurrir al endeudamiento prolongado, hasta que esta dinámica (de vivir por encima de las posibilidades reales) estalla por los aires.No es casual que ante la primera manifestación de aquelarre financiero, algunos países europeos saliesen con propuestas tendientes a elevar la edad de retiro, ante la protesta airada de la población.El cuello de botella antropológico oculto en Europa es que la tasa de fertilidad está por debajo del recambio generacional. La falta de nacimientos combina con la longevidad alcanzada por mejoras en las condiciones económicas, sanitarias e higiénicas.Para Arriazu, el estilo de vida asociado a la opulencia ha eclipsado la importancia de traer hijos al mundo. Y esto más allá de que los europeos han querido solucionar el déficit de mano de obra joven alentando la inmigración."La aparición de una 'generación egoísta', que priorizó su gozo individual, que prefirió no tener hijos y que creyó estar protegiendo su futuro en base a 'supuestos' ahorros, no sólo debilitó instituciones básicas como la familia sino que ignoró el principio básico de este mecanismo (de transferencia de ingresos de un trabajador en actividad a otro en retiro)", sentenció.El análisis del economista agrega otros elementos de juicio a la crisis global de la economía. Por lo visto, no todo estaría vinculado a la lógica especulativa del capital, sino a razones de índole antropológica.
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