El Estado recauda más con la inflación
El alza de precios, que rondaría el 30% anual, es un mecanismo de redistribución a favor del gobierno. Ocurre que el Estado recauda más sobre la base de aumentos ficticios de ganancias nominales.El dispositivo es tan viejo como pernicioso para los contribuyentes. Al subir los precios, la base monetaria sobre la que se calculan y se pagan los impuestos es más alta.Y esto aunque se produzca y se venda la misma cantidad de bienes. De esta manera los consumidores por el IVA o los contribuyentes del impuesto a las Ganancias y del impuesto al Cheque, pagan un importe mayor en pesos.Incluso un sector de los empleados, los que cobran a partir de un determinado piso, contribuye a reforzar las arcas del fisco, al abonar el impuesto a las Ganancias.En la actualidad ese piso se ubica en $4.820 por mes para los solteros y $6.662 para casados con dos hijos. Se cree que hay un millón de empleados afectados por esta imposición.Un ejemplo: un trabajador soltero cuyo salario es de $6.000 tributa porque supera el mínimo no imponible; pero paga sólo sobre $1.180, monto que resulta de restar al salario ($6.000) el mínimo no imponible ($4.820).Ahora bien, si por un lado la inflación incrementa los salarios nominales, por otro no se actualizan los mínimos no imponibles, lo cual hace que cada vez más empleados paguen el impuesto."Se trata de un incremento espurio de la presión impositiva ya que no se origina en una mayor capacidad adquisitiva ", cuestionó un reciente informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).Se ve entonces cómo el Estado, al no computar la inflación en el cálculo del impuesto, hace que cada vez más empleados paguen Ganancias.Lo correcto sería que vaya elevando el mínimo no imponible, de forma que lo que cobre al contribuyente esté en relación con su poder adquisitivo real, y no con ganancias irreales.En el caso de los empresarios es lo mismo. Pagan por la facturación elevada nominalmente por el ritmo inflacionario. Pero ese incremento no implica un aumento neto de su ganancia, ya que sus costos también subieron por inflación.El contribuyente percibe, de esta manera, que mediante esta modalidad, apalancada por la inflación, el Estado a la postre ejerce más presión fiscal sobre él.Con respecto al gravamen que abonan los empleados, la CGT de Hugo Moyano, aliada política del gobierno, le planteó a éste la necesidad de fijar un nuevo piso para el pago de Ganancias.En tanto, el jefe de la opositora CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo, reclamó que el piso debe modificarse para que tributen los trabajadores solteros que ganen a partir de $8.000 por mes y los casados con dos hijos que cobren más de $10.000.A todo esto, en el gremio de la CTA no hay posición unívoca. Mientras el sector pro kirchnerista que lidera el maestro Hugo Yasky pide que se eleve el mínimo no imponible, el sector que lidera Pablo Micheli considera que los trabajadores no deben pagar Ganancias."El salario no es una ganancia", se quejó Micheli al criticar que mientras se grava al trabajador están exentas del pago de Ganancias en el país "las rentas del mercado financiero y de capitales, y la renta minera"."El salario de un trabajador es la retribución por las tareas realizadas con su único capital: su salud, capacidad y esfuerzo personal", sostiene.La CTA de Micheli se queja, además, del sesgo regresivo del sistema impositivo, al señalar que un impuesto al consumo masivo como el IVA representa el 42% del total de la recaudación total del Estado argentino.
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