El éxodo rural es algo que parece acentuarse
Debajo de las grandes cifras de la cosecha, y de la revolución tecnológica que las hace posible, el despoblamiento rural no para. De hecho, hoy falta mano de obra en el campo.La tendencia es paradójica en Entre Ríos: en los últimos 20 años el área sembrada se multiplicó por tres, y al mismo tiempo el sistema expulsó a miles de familias.El dato es que el campo entrerriano, en este año del bicentenario, alcanzó la mayor superficie jamás sembrada, pero en un contexto de franco retroceso de la vida rural.Hace 30 años la provincia contaba con el 60% de su población total viviendo en el campo. Hoy, apenas el 12% de la población total de Entre Ríos vive en zona rural.Esta merma poblacional es directamente proporcional a la caída de las explotaciones agropecuarias. En 1988 había 27.200 explotaciones, en 2002 menos de 21.600 y en 2008 se llegaron a contar 17.700, según datos aportados por el periodista Tirso Fiorotto."Hay un dato por demás ilustrativo: de las 5.555 explotaciones que se perdieron entre 1988 y 2002, las parcelas pequeñas fueron 5.175, es decir: el 93 % de los expulsados eran pequeños y medianos productores. Y la tendencia continuó en los años siguientes", explica.El dato que impresiona es que en sólo dos décadas la soja tuvo un abrupto salto: ocupaba menos del 7% de toda la superficie cultivada en 1991 (con 55.000 há.), y hoy oscila en el 70% (con 1.309.000 há.).El monocultivo no sólo supone una pérdida grave de diversidad productiva, toda vez que la soja ha desplazado a otros cultivos y actividades (como la ganadería y la lechería).Algunos sostienen que hay una relación directa entre el monocultivo de la soja y un proceso de concentración de la tierra en Entre Ríos, a partir del ingreso de nuevos actores económicos que hacen agricultura (pool y fideicomisos).Y todo proceso de concentración de este tipo lleva aparejado una ruptura del tejido social del campo. En suma, se está cosechando a un volumen inusitado, batiendo todos los récords en área sembrada, pero declina la ruralidad, a partir del constante éxodo poblacional.Pero las paradojas no acaban ahí. El Diario Uno, de Paraná, da cuenta que falta gente para trabajar en el campo argentino, y en particular en el entrerriano."Es notable la escasez de trabajadores calificados en todas las actividades, ya sea para las economías regionales, o como mano de obra intensiva en el citrus y el arándano", se informa."No hay alambradores, motosierristas, tamberos y también faltan maquinistas para cosechadoras, personas para realizar las aplicaciones terrestres de agroquímicos y técnicos para el control de plagas", se agrega.Los empresarios del sector rural relacionan la falta de gente para trabajar, sobre todo en las actividades más rústicas, con la posibilidad de los peones de acceder a planes sociales en general.Al parecer, muchos preferirían percibir este beneficio en lugar de un trabajo eventual, como cosechero o peón rural contratados por temporada. Del lado gremial, en tanto, dicen que lo que conspira contra el trabajo rural son los salarios bajos y la precariedad laboral.Otra de las causas fundamentales que generan escasez de mano de obra en el campo es la falta de capacitación para poder incorporarse en el manejo de las nuevas tecnologías agropecuarias.Al respecto, vale recordar que la Sociedad Rural Gualeguaychú inauguró este año una tecnicatura en producción agropecuaria, para ofrecer capacitación académica a los hijos de los ganaderos y chacareros de la zona.El desarraigo y el proceso de despoblamiento rural es algo preocupante, para un país que asienta gran parte de su riqueza en el sector agropecuario.
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