El fantasma del ajuste
Hay palabras que los argentinos, sea por picardía de algunos o por inadvertencia de otros, hemos convertido en impronunciables. Una de ellas es "ajuste". Cualquiera, al que le vinculen con el indeseable vocablo, corre despavorido a esconderse lleno de vergüenza. Porque acá, quienes han tenido que reducir el sideral gasto público heredado, se han visto en graves dificultades, aún hasta para terminar su mandato. Por Gustavo Rivas Por el contrario, quienes lo incrementaron irresponsablemente, han gozado de popularidad. Mientras en otros países aprendieron de sus aventuras similares, nosotros no, y por ello repetimos continuamente la historia. Más aún: es común atribuir a los ajustes la causa de crónicos retrocesos, siendo sólo un efecto. Tal confusión llama la atención por su generalización.¡Es el gasto estúpido! podríamos decir, parodiando a Bill Clinton. Algo tan claro, y la vez, tan sepultado por el enredo conceptual. Los excesos en el gasto presupuestario argentino, han sido la real causa del endeudamiento interno y externo, de los festivales de bonos, la insoportable presión fiscal, la emisión monetaria con inflación crónica, las hiperinflaciones y el aumento del riesgo país.Como si el desborde de tantos años no contara, el gobierno de los Kirchner se ha constituido en el mayor gastador de la historia, tanto en términos nominales -se triplicó- como en porcentual del PBI. Y el mal llamado "modelo" económico que tratan de prolongar con respirador, se sustenta en cuantiosos fondos presupuestarios y extrapresupuestarios, destinados a disimular las inconsistencias propias del mismo.Se acumulan impuestos en manos del fisco nacional -antes eran de las provincias- los que desde 1932 se vienen estableciendo a raíz de sucesivas emergencias y luego se quedan para siempre. En tiempos recientes se sumaron nuevos tributos y delegaciones de poder que habilitaron su uso discrecional y sin mayor control. Con tan abultada concentración de ingresos, en los primeros años del "modelo" creían que el superávit iba a ser eterno. Y en lugar de ahorrar con criterio previsor -como los chilenos- elevaron el gasto a niveles irracionales. Cuando aparecieron los primeros síntomas de que ese sueño no era eterno y ya nadie nos prestaba ni podía aumentarse la presión fiscal, empezaron a echar mano a fondos líquidos transitorios de distintos organismos: Banco Nación, Afip, Anses, Pami, Lotería Nacional y finalmente, de lo poco que les habían dejado a las provincias. Ello ha sido posible por la ausencia de normas que limiten tan libre expansión de facultades, concretada bajo el falso argumento del "no está prohibido".Hay límites para crear impuestos. Pero si en cambio, no los hay para aumentar el gasto, o para echar mano a recursos no genuinos -lo que sólo posterga las consecuencias- a la larga, ello deviene en mayor presión impositiva.El capricho de mantener un esquema económico inviable cuando se han agotado los ingresos presupuestarios normales, ha determinado estas captaciones anómalas. Y como nunca se agota la capacidad de inventar facultades, a la hora de alimentar el gasto descontrolado, ahora se echa mano a las reservas del Banco Central, que obviamente, no son para esos fines. ¿Cómo hacen para solventar gastos corrientes con esas reservas? Muy sencillo; al utilizarlas para pagar deuda externa, que tenía otros recursos asignados en el irreal presupuesto 2010, estos quedan liberados para disponerlos en gastos internos: allí van las reservas por esa vía indirecta, y por ello interesan tanto; se suman a "la caja". Entonces surge una preocupación: cuando a la vez esos recursos se hayan agotado, dado que el gasto creciente no se piensa tocar ¿a qué otro "artificio creativo" se echará mano en el futuro?Se desafía a la oposición a que proponga fuentes alternativas de financiación, excluyendo de antemano toda posibilidad de reducir gastos. En tal sentido, tanto la Presidenta como Agustín Rossi, han sido explícitos: "¿ajuste? ¡jamás!". Y para que ello sea digerido, lo demonizan relacionándolo subliminalmente con el tristemente recordado descuento del 13% a los jubilados, o con recortes en educación y salud. No pensamos ni remotamente en esos malos ejemplos. Sí en cambio, pensamos, en los 35 mil millones de subsidios otorgados a empresarios cortesanos, amigos del poder, en los numerosos fideicomisos extrapresupuestarios sin control, los sobreprecios de obras públicas con adjudicaciones directas, adquisiciones de empresas ruinosas, creación de otras inviables, en el uso del erario para el financiamiento de la política, etc. ¡Ese es el ajuste que hay que hacer!Pero para desviar de allí la atención, asustan a la gente con aquellos malos recuerdos. Esto nos evoca al Martín Fierro cuando decía: "de los males que sufrimos, hablan muchos los puebleros; pero hacer como los teros para esconder sus niditos: en un lau pegan los gritos y en otro tienen los huevos"La otra consecuencia es de índole política. Si se posterga el ajuste, necesariamente deberá hacerlo un próximo gobierno, que por ello se debilitará. Y entonces repetiremos la historia.Finalmente, se arguye que los ajustes "enfrían la economía". Como se ha dicho, ésta permite a los gobiernos hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias. Los gobiernos serios, a diario hacen microajustes, propios de toda buena administración. Pero cuando éstos se demoran irresponsablemente, los desequilibrios se agigantan. Finalmente, sobreviene por su propio peso el sinceramiento y los costos son dolorosos; ya lo hemos vivido. Ojalá los argentinos aprendamos a evaluar a nuestros gobiernos y a castigar a los que dilapidan, en lugar de caerle impiadosos a quienes deben asumir consecuencias ajenas. Y que "ajuste" no es una mala palabra.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

