El fantasma del ajuste y la inflación
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El ajuste no es ajuste para no nombrarlo de esa manera simplemente. Pero la Argentina enfrenta un 2014 en el que el ajuste será un actor clave, no sólo para la economía sino también para definir quién será el sucesor de Cristina. Será un gran desafío para el peronismo que debe sucederse a sí mismo y reverdecer sus laureles en el poder. Debe pasar todo eso indemne. Jorge Barroetaveña Es un gran desafío el que enfrenta el oficialismo en sus distintas vertientes. Es la primera ver desde el retorno a la democracia que el peronismo debe enfrentar el fantasma de la sucesión sin intentar patear el tablero, como hizo antes, porque eso implicaría un riesgo demasiado grande: perjudicarse a sí mismo.La encrucijada tiene dos vertientes, la económica y la política. La primera es la que implica la palabra ajuste, esa que tanto disgusta al kirchnerismo que opta por mil alternativas antes de utilizarla. Como en los últimos dos años el gobierno optó por mirar para otro lado, la economía empezó a justarse sola a través de la inflación, con las consecuencias que eso implica. Es que la falta de reconocimiento del problema ha sido clave en la demora de búsquedas de soluciones. El kirchnerismo tuvo que perder una elección para darse cuenta que los aumentos dejaron hace mucho de pasar desapercibidos para el bolsillo de la gente común y que los niveles de consumo ya no alcanzaban para disimularlo. Tampoco se trata de cuestiones ortodoxos o heterodoxas para encarar el problema: la inflación está ahí, llegó para quedarse un tiempo y si no se aplican políticas claras costará erradicarla.Conciente, la Presidenta movió las piezas después de octubre. Descabezó a un ministro que no se sabía qué era como Lorenzino, echó al patriota de Moreno y colocó a Fábregas, un técnico de carrera y creíble en el Banco Central. Para la política y las conferencias de prensa lo puso a Capitanich que, si sigue con este ritmo acelerado de desgaste, tendrá que empezar a despedirse de sus ilusiones de ir por más. Claro, a Capitanich le tocó bailar con todas las feas imaginables: los conflictos en las provincias con las policías, los saqueos, un diciembre caliente y encima una ola de calor histórica que dejó a miles y miles sin energía eléctrica. Todo en un contexto de cuentas exhaustas que deberán alcanzar para darle tranquilidad a la segunda mitad del último mandato de Cristina.Hay algo extraño en todo esto y es increíble que le pase a un gobierno peronista: el desafío de los levantamientos del interior que puso contra las cuerdas a los gobernadores y demostró hasta dónde el poder se concentra en Buenos Aires. Hoy, que aún el conflicto sigue encendido porque las provincias no tienen plata para pagar los aumentos que pactaron, queda expuesta la deriva a la que quedaron muchos mandatarios provinciales acostumbrados a vivir 'de prestado'. Sin plata de la Nación, hay provincias que no pueden parar la olla. Y esa realidad, dolorosa y desatendida, quedó en evidencia con este conflicto.Los gobernadores han recorrido tres caminos en esta historia: ajustar para adentro aumentando los impuestos (aunque eso afecte la actividad económica, genere mayor malhumor social y paguen un costo político), golpearle la puerta a la Nación (que también está rascando el fondo de la lata) o desconocer los acuerdos (como hizo Entre Ríos) y tratar de volver a negociar en mejores condiciones. Increíble pero real, el más expuesto, fue el más inteligente a la hora de enfrentar al problema: Scioli primereó a los policías y fijó por decreto el aumento. No se sometió al desgaste ni a la desautorización ni a quedar expuesto a un incendio que pudo volverse incontrolable. Pero el fantasma del efecto contagio aún sobrevuela las provincias y asusta a Capitanch que le pidió por favor a los gobernadores que ni se les ocurra hablar de cuasi monedas. Fue Colombi el que tiró la piedra, pero son varios mandatarios provinciales que siguen evaluando esa posibilidad que, de sólo insinuarse, le pone los pelos de punta a la Casa Rosada.Pero en economía no hay secretos ni nadie a esta altura va inventar la pólvora. La administración kirchnerista sabe que el principal problema a enfrentar en los dos años que le quedan es la inflación y sus síntomas. En esa batalla tiene una ventaja y es la memoria colectiva de los argentinos que han convivido, de generación en generación, con ese flagelo. Resta saber si el tanque del modelo tiene resto o le queda sólo la reserva.Scioli y Massa se orejean las cartas. El primero puso su primer pie en Entre Ríos, en Gualeguay, cuando su mujer, Karina Rabolini se asomó aprovechando la presentación de 'sus amigos' de Pimpinela en último fin de semana. Junto al intendente Erro, la presidenta de la Fundación Bapro puso a disposición de la gestión la batería de planes sociales con la que cuenta la generosa chequera bonaerense. La intención es ir armando programas regionales que contemplen cada problemática, sumando gobernadores e intendentes al proyecto presidencial de Scioli.Massa en tanto se mostró con sus alfiles, Reutemann y Lavagna entre otros. Sus asesores le han pedido que 'entre y salga' de cada tema, sin quedar expuesto ni tampoco lucir indiferente ante lo que pasa. Su apuesta son los intendentes a quienes llama de a decenas y los invita a sumarse. Juega al cabo con la dispersión que se viene en el peronismo y los 4 millones que sacó en Buenos Aires como carta de presentación. Sabe que para un peronista no hay elixir más delicioso que olfatear las mieles del poder o, en este caso, quién lo detentará en los próximos años. Nacieron para eso pero es una realidad que todos los días está en juego dentro de la cancha. Así de sencillo. Así de complejo.
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