El fomento de los microemprendedores
Los pequeños emprendedores son un factor de inclusión social que tiene altas potencialidades en Argentina, donde uno de cuatro trabajadores es un "no asalariado" que podría mejorar su condición aumentando sus actividades productivas.Hay un segmento del mercado de trabajo cuya relevancia o potencialidad es generalmente subestimada en los estudios de empleo y pobreza. Y es el de los trabajadores no asalariados.Un reciente estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA) revela que, de acuerdo a datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, sobre un total de 10,6 millones de ocupados urbanos, un total de 2,6 millones entran dentro de esa categoría.En particular, unos 2,1 millones son cuentapropistas, unos 67 mil reportan ser trabajadores sin salario y otros 435 mil son patrones o empleadores. Globalmente representan alrededor de un 25% del total de trabajadores del país.Se cree que el desarrollo de este segmento no sólo mejoraría la condición de sus miembros, sino que aumentaría el empleo de los jóvenes y mujeres que hoy tienen cerradas las puertas laborales.Es importante destacar que en el sector abundan los trabajadores por cuenta propia, más los familiares que trabajan con ellos y que en las estadísticas figuran como trabajadores sin salarios, y los pequeños emprendedores que dan empleo a otras personas.Según el estudio, el 75% de los empleadores identificados por la encuesta son muy pequeños dadores de empleo que no alcanzan a superar los 5 trabajadores. Aumentar la productividad de estos pequeños negocios tendría un efecto de mejora en el empleo."Los pequeños dadores de trabajo y cuentapropistas son una 'pieza' esencial en cualquier esquema que se diseñe para abordar la problemática de la promoción del empleo juvenil y de mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo", sostiene el estudio elaborado por Jorge Colina y Osvaldo Giordano, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA.Las dificultades que encuentra este segmento para su desarrollo se vinculan a la imposibilidad de conseguir: mercados más amplios, crédito, tecnología, innovación, capacitación, logística de venta, y un marco impositivo adecuado.Según el trabajo, de los 2,1 millones de cuentapropistas, aproximadamente un 18% son profesionales universitarios, es decir, trabajadores con elevados niveles de capital humano y, en la mayoría de los casos, con razonables niveles de capacidad para generación de ingresos.El resto (un 82%) si bien no son profesionales, son técnicos, comerciantes, personas con conocimientos y habilidades para diversos oficios (electricistas, plomeros, gasistas, jardineros, albañiles, taxistas, mecánicos, vendedores y demás).Potenciar la posibilidades de este sector ayudaría a que gente con menos capacitación pueda incorporarse a su dinámica. "Para elevar la tasa de empleo, se requiere promover la generación de puestos de trabajo que se ajusten a las capacidades, expectativas y necesidades de las mujeres y los jóvenes que tienen baja calificación laboral y poca experiencia", refiere al respecto el estudio académico.Como sea, se trata de un universo variado, ya que no es lo mismo ni tiene el mismo impacto en el desarrollo económico la creación de micro emprendimientos que venden comida en la calle que una pequeña empresa sofisticada de software.Es necesario, por tanto, saber contextualizar la naturaleza y las cualidades de los microemprendimientos.
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