Editorial |

El futuro del español como lengua global 

El 23 de abril se celebra el Día Mundial del Idioma Español, en honor al escritor Miguel de Cervantes Saavedra, oportunidad en la cual cabe preguntarse sobre la vigencia de esa lengua en el mundo. Es interesante percatarse de la dimensión política del idioma. El hecho de que en Latinoamérica coincidan hoy el idioma y la geografía es resultado de la conquista española en América, que dio origen a la primera globalización. España fue potencia hegemónica mundial en el siglo XVI y gracias a ello logró imponer su idioma en América, al precio de hacer desaparecer las lenguas indígenas. El ideólogo de esta estrategia fue Antonio de Nebrija quien, en el prólogo de su Gramática Castellana, publicado en 1492, escribió: “siempre la lengua fue compañera del imperio”. La supremacía actual del idioma de William Shakespeare, en cambio, revelaría que el poder político y económico mundial reside en el mundo anglosajón. La hegemonía lingüística del inglés en la globalización obliga a reflexionar sobre la vigencia de la lengua castellana en el mundo. ¿Cuál será el rol de la lengua de Cervantes en el siglo XXI? En el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en la provincia de Córdoba (Argentina) este año, la escritora Ana María Shua abordó la temática, en la mesa “El futuro iberoamericano del español”. En su opinión, “el gran reto del español es consolidarse como una lengua de diálogo y como una lengua alternativa a la lengua dominante actual: el inglés”. A juicio de la escritora argentina, “América y España debemos aliarnos, hoy la gran batalla no es el número de hablantes sino el prestigio de la lengua, por ello necesita más presencia en los foros de investigación científica”. Pese a que el inglés está en tercer lugar a nivel mundial en cuanto al número de hablantes nativos, con 375 millones de personas, se calcula que lo hablan en el mundo más de 1.000 millones de individuos. Y ese nivel de penetración global hace que el idioma de las Islas Británicas tenga mayor prestigio que el español, que no llega a tener tanta difusión por fuera de sus comunidades naturales. Podrá tener menos hablantes nativos, en relación con el español, pero el inglés tiene más estatus social y económico. Es lógico: quienes hablan el idioma de Shakespeare viven en sociedades más ricas y desarrolladas tecnológicamente. El inglés, además, es el idioma de la diplomacia, de la ciencia y de los negocios. La situación del español es distinta: es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos (detrás del chino) pero su estatus económico y social no se corresponde con esa riqueza lingüística. “¿Es que acaso el español está en peligro?”, se pregunta Shua y se contesta que está perdiendo algunas batallas. “A pesar de ser la lengua europea de mayor proyección internacional detrás del inglés, el español ha quedado arrinconado y equiparado en número de traductores a idiomas como el polaco o el rumano. Para que la necesidad del español como lengua bisagra en la Unión Europea sea cada vez más contundente, América Latina debe jugar un papel esencial”, señala. Por otro lado, indicó que se debe “prestigiar la imagen internacional de nuestra lengua para que los hispano hablantes en Estados Unidos se sientan orgullosos de ella y de transmitirla a sus hijos”. En este sentido, Shua se inscribe dentro de los intelectuales que consideran relevante la defensa, la difusión y la lucha por la relevancia política y económica del idioma español.

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