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El gobierno apela a la última carta que le queda: más cuarentena

¿Será el esfuerzo final? ¿Será la última recta antes de la llegada? Es la angustia que sobrevuela a una porción grande de la sociedad argentina que ha empezado a preguntarse de qué ha servido semejante esfuerzo. Es incontrastable que podría haber sido mucho peor, pero la prolongación de la agonía, amaga con profundizar las consecuencias.

Jorge Barroetaveña

El país quedó partido en dos ayer. Con el anuncio grabado que hicieron el Presidente de la Nación y los responsables de los distritos más grandes y más afectados. Salvo los bancos y alguna que otra excepción, el retroceso es al 19 de marzo cuando se decretó la primera cuarentena.

Por supuesto que la sociedad ya no es la misma ni tampoco se pueden esperar los mismos niveles de cumplimiento. Ahora, como antes, todo indica que es cuestión de vida o muerte porque la espiralización de contagios podría desembocar en el fantasma más temido que es el colapso del sistema de salud y la falta de camas de terapia intensiva. Lo que provocaría una disparada en la cantidad de muertos.

No está la épica de marzo. Más allá de los resultados, la gente asiste fatigada a esta nueva fase y con poco resto. No hay cuarentena en el mundo que haya durado tanto. Pero la contratara es el desastre, planteado en esos términos. Por supuesto que la ristra de afectados se sigue engrosando. La pandemia económica que causa estragos en muchos sectores, será difícil de erradicar en el corto plazo, más allá del optimismo presidencial que se animó a vaticinar que nos vamos a recuperar rápido.

Se intuye que van avanzando a tientas sin saber muy bien lo que hacen. Se justifica claro con la situación extraordinaria que provoca la pandemia, pero después de 4 meses de preparación, las respuestas se perciben endebles.

Tampoco la situación política es la misma que en marzo. Al consenso generalizado le ha seguido un enrarecimiento del clima y una tensión fuerte entre el oficialismo y la oposición. Insólitamente el gobierno decidió poner en capilla su relación con otro sector de la sociedad, lanzando el proyecto ‘Vicentín’, trayendo inútilmente a la actualidad viejos fantasmas. Cuentan que, en la intimidad, el Presidente vocifera contra los que le sugirieron la iniciativa. Tarde porque los costos políticos de avanzar en el tema los terminará pagando él. O ya los empezó a pagar.

Con poca sintonía, la vicepresidenta sigue su camino haciendo girones los caminos previos acordados en el Senado. Extraño porque esta semana, Máximo compartió firma del proyecto sobre la donación de plasma, con Cristian Ritondo, referente del PRO en esa Cámara. Mientras tanto Cristina agita su propio fantasma con las escuchas, buscando llevar a Macri al banquillo de los acusados o al menos dejarlo, ante los ojos de la opinión pública, como el jefe de una banda que no sólo robó y saqueó sino también espió a propios y extraños.

El Presidente hace oídos sordos y se niega a verlo. En público jamás aceptará que se equivocó, pero le pidió una mano a Omar Perotti, el gobernador santafesino que se enteró por los medios de lo que querían hacer con Vicentín. Fiel, Perotti, ideó una salida de pronóstico reservado, que ya sufrió el primer revés judicial y tiene destino incierto. Si eso se cae, ¿se expondrá el Presidente a enviar el proyecto al Congreso y arriesgar una mayoría que hoy no tiene asegurada?

En el medio, el gobierno se jugará el resto con la cuarentena para frenar la pandemia y llegar a un acuerdo, cada vez más rebelde, con los bonistas extranjeros. El Ministro Guzmán le ha dicho al Presidente que el acuerdo está cada vez más cerca. La situación claro se deteriora hora por hora y cada minuto que pasa o la negociación se extiende, quedamos un poco más expuestos ante los negociadores. El tiempo, en este caso, no nos favorece demasiado. Al contrario, nos va dejando con menos salidas.

Al cierre de esta edición el Presidente, en un mensaje grabado, anunció la prolongación de la cuarentena hasta el 17 de julio en el área metropolitana. Muy parecida a lo que fue en los últimos días de marzo. Tranquilo, y sin errores, Fernández ratificó en su discurso que no tiene otra opción. “La vida es lo más importante y no quiero que pase lo que sucedió en Europa que tuvieron que elegir quién vivía y quién moría”, dijo sin dobleces.

Y agregó: “la economía se recupera, pero cada uno de los más de mil muertos no vuelven más”, refrendó.

El reloj empezó a correr y la carrera sí que es de vida o muerte. Si el nivel de cumplimiento de la cuarentena es bajo o laxo, el futuro será incierto. La respuesta, otra vez, está en manos de la gente que obediente, desde hace 100 días, respeta las decisiones de los gobiernos. Es poco lo que se le puede reprochar al comportamiento social. Son millones que se han quedado en su casa y practican todas y cada una de las medidas de prevención que se piden. El estado deberá hacer su parte. ¿Estará a la altura del desafío cómo sí lo han estado millones de argentinos?

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