El gobierno disimula su debilidad y piensa qué hacer después del 28
Por Jorge Barroetaveña
La ausencia de propuestas concretas y debates serios alarma como nunca en esta campaña electoral. Cada tema planteado sólo ha servido para chicanas, descalificaciones y ataques. Los escraches que ruralistas encabezaron en Buenos Aires y Santa Fe no sólo le sirvió en bandeja a Kirchner los argumentos para rebatirlos, sino que no hicieron más que ocultar una crisis, la del sector productivo, que sigue viento en popa. La irrupción de Chávez en la campaña, es lo único que, paradójicamente, ha regado de sombras la estrategia oficial. Esta semana, el propio ex presidente hundió más el dedo en la llaga cuando eligió pelearse con Techint, núcleo del objetivo estatizador del venezolano. Sus dichos no hicieron más que aumentar las suspicacias en el mundo empresarial sobre las políticas que adoptará la Argentina después del 28 de junio. Fue el único flanco por el que se pudieron colar las críticas opositoras que alertaron sobre una ‘chavización’ del gobierno si obtiene un respaldo considerable en las urnas.
Los empresarios, a esta altura, no saben para dónde disparar. Es que la administración kirchnerista ha repartido subsidios a troche y moche buscando evitar la pérdida de puestos de trabajo y ha establecido, en los últimos años, una relación privilegiada con ese sector. El año pasado, ni un solo industrial movió un dedo para acercarse al reclamo de las entidades del campo. Es más, muchos de ellos tomaron distancia, optando por salvar sus vínculos con el gobierno. Ahora que el zapato empieza a ajustar no saben para dónde rumbear. La tibia respuesta oficial a las decisiones de Chávez dejo al descubierto la debilidad argentina frente al venezolano y la fortaleza del Brasil de ‘Lula’. Muchos han caído en la cuenta que el venezolano no come vidrio. No sólo el ingreso al Mercosur de Venezuela depende aún del Senado brasileño, son cada vez más los recursos que van de un país al otro. Con los precios del petróleo bajos, Chávez le ha pedido a ‘Lula’ un préstamo de 4.300 millones de dólares. No son pocas además las empresas brasileñas que están haciendo fuertes inversiones en el país de Bolívar. A esta altura no es una cuestión de principios, sino de intereses. Chávez lo sabe y actúa en consecuencia.
Con esta certeza a cuestas, el empresariado nacional ha dado algunas señales de malestar. El miércoles recibieron a los partidos de la oposición y escucharon algunas propuestas. El jueves se confirmó que aceptarán que las cuatro entidades del campo se sumen al Consejo Económico y, Héctor Méndez (titular de la UIA) se bajó del avión presidencial que lo llevaría a la Asamblea de la OIT. Igual, los ejecutivos que participaron a mitad de semana de la charla informativa con candidatos de la oposición tampoco se fueron muy conformes. “No nos quedó claro lo que quieren hacer”, definió uno de los empresarios que todavía se debate en la ambigüedad. Lo cierto es que, el malestar empresarial, y la táctica de Kirchner de pegarle a Techint, revelan una sola cosa: la debilidad del gobierno que, hace un año y medio, jamás hubiera pensado en enfrentar semejante rebelión en la granja.
Si la oposición ha bailado hasta ahora al ritmo que quiere Kirchner, el fenómeno de Gran Cuñado es probable que termine favoreciéndolo. Su imitación en particular, ha comenzado a despertar más risas que enojos y los aspectos negativos de la realidad, se han visto suavizados por la estupenda caracterización que hace Freddy Villarreal. Si la imitación de Cristina es dura, está lejos de pensarse que podría perjudicarla. Hasta De Narváez aprovechó el viernes el aumento súbito de su popularidad para seguir con sus recorridas por el Conurbano y no dudó en aceptar el convite para presentarse junto a su doble en el programa de Tinelli. Al cabo, la campaña parece resumirse a eso: presentaciones mediáticas buscando alto impacto y descalificaciones mutuas. Propuestas y debates, bien lejos.
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El poskirchnerismo piensa en su futuro. Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba, anunció el trabajo en conjunto de sus legisladores con los de Reutemann y Busti. La idea es hacer un bloque de la Región Centro en el Congreso que defienda los intereses de esas provincias. Con Reutemann en Santa Fe las cosas están bastante claras. Hizo rancho aparte y disputa abiertamente con los muchachos de Néstor. En Córdoba igual, donde Mondino (el hombre elegido por Schiaretti y De la Sota) buscará ganarle una mano a mano a Luis Juez, lejos también de los deseos del oficialismo nacional. Pero en Entre Ríos el panorama luce más incierto. Busti, cuyos legisladores dijo Schiaretti se unirán a los santafesinos y cordobeses haciendo causa común federal, navega a dos aguas. La lista que encabeza Barrandeguy es la oficial y se reivindica como el único peronismo. Afirman que son garantes de la gobernabilidad y respaldan al gobierno nacional. Pero Busti dice que apoya a Reutemann como candidato presidencial y confirma que harán un frente con Córdoba y Santa Fe. Encima tiene a su propia esposa que, el año pasado votó en contra de la 125 y ahora Barrandeguy dice que hubiera votado a favor. El ex gobernador juega con fuego. Fiel a su estilo, ese que ha signado su carrera política, ha resuelto poner los huevos en varias canastas. Si gana, no pasará demasiado. Las victorias dan para todo y las justificaciones sobrarán. Pero si pierde, habrá complicado inexplicablemente sus deseos de proyección nacional y de volver a ocupar, en último caso, el sillón de la Casa Gris de Paraná. Sólo Busti y su almohada saben porqué hizo lo que hizo.
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