El gobierno gana tiempo pero los problemas siguen sin resolverse
Los Kirchner admiten el poder sin concesiones. Al menos en público. Es la sensación que quedó el viernes después del encuentro entre el gobierno y la Mesa de Enlace, posterior a los anuncios de la Presidenta en Villa María. El conflicto, por ahora, luce lejos de resolverse. El escenario volverá a plantarse en el Congreso de la Nación.
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El Día
El tono de la reunión fue cordial y no hubo reproches. Fue diferente al año pasado cuando los cruces con Alberto Fernández empantanaron cualquier acuerdo y dinamitaron la relación entre el gobierno y el campo. La Presidenta inclusive, hizo un alto en su agenda, y pasó a saludar. Fue protocolar apenas pero se buscó distender un poco más los ánimos y no cerrar ninguna puerta.Es algo, diría cualquiera, sino fuera porque se trata de un conflicto que lleva ya un año y medio de vigencia y ha desangrado al gobierno en una pelea inútil que lo llevó a perder las elecciones del pasado 28 de junio. La movida de las horas previas no pareció ser la mejor. El viaje relámpago de la Presidenta a Villa María, Córdoba, a anunciar un acuerdo con tamberos, no fue un buen mensaje. Hubo presiones de distinto tenor y uno de los firmantes es ex vicepresidente de una de las entidades que sólo se representa a sí mismo. Sabiendo que el tema leche se trataría en la reunión con la Mesa de Enlace, ¿qué necesidad había de meter una cuña y generar malestar en forma innecesaria? Estos mismos acuerdos ya se firmaron el año pasado y el gobierno nunca pudo hacerlos cumplir, ¿qué indica que podrá hacerlo ahora?Claro que el derrape oficial había tenido su correlato previo, en una asamblea tan dura como multitudinaria de los productores en la Sociedad Rural. Azuzados por el enojo de los presentes, los cuatro presidentes de la Mesa de Enlace utilizaron un tono innecesariamente duro y hostil contra el gobierno, a horas de la reunión clave. El desliz les valió críticas hasta de la oposición, aunque denunció las dificultades que los dirigentes agropecuarios tienen desde hace tiempo para controlar a las bases.Con estos antecedentes, el encuentro en la Casa Rosada fue llamativamente tranquilo, aunque los resultados parecen haber estado lejos de satisfacer los reclamos del sector. Los largos enunciados posteriores de la Ministra Giorgi sobre los 'aportes' que el estado le ha hecho al campo en los últimos años, fueron nafta para apagar el incendio. No hubo, ni en ella ni en Fernández, ni en Boudou un esbozo de autocrítica, sólo ratificación de las políticas en marcha. Apenas corrección de algunos abusos pero no cambios de rumbo. Pregunta: ¿qué pasó el 28 de junio pasado? ¿No hubo acaso un severo cuestionamiento hacia esas políticas? El gobierno por ahora sigue sin tomar registro de eso y está decidido a avanzar con pocas concesiones. Sólo así se interpreta la jugada de Villa María y la comunicación de las decisiones que tomó la presidenta. La charla con la Mesa de Enlace nunca fue una negociación: fue apenas una exposición de temas, la mayoría sin respuesta, y la comunicación de algunas decisiones.El divorcio entre lo hablado y evaluado después fue tal, que Buzzi ironizó diciendo que estuvo en una reunión distinta y Biolcatti y Llambías no pudieron ocultar su desencanto. El tema más cargado de simbolismo del conflicto, las retenciones, prácticamente no se tocó aunque las versiones también difieren. Los dirigentes del campo afirmaron que plantearon la cuestión y no hubo respuesta, en cambio Fernández fue concreto en la conferencia: no hay plata, dijo palabras más palabras menos, desnudando los problemas de caja que desde hace tiempo afectan al gobierno. Cuentan que la Presidenta se guarda en la manga la posibilidad de reducir las retenciones al trigo y al maíz, pero las de la soja son intocables: Boudou le advirtió que si lo hace habrá déficit fiscal.Así las cosas y con sabor a poco en la boca, la expectativa por la inauguración oficial en Palermo ayer sábado creció exponencialmente. Luego de aplaudir a rabiar la carta de excusa que envió el Vicepresidente Julio Cobos, los ruralistas escucharon con atención el discurso de Biolcatti. Secundado por Buzzi de Federación Agraria (una imagen impensada hace un tiempo). Llambías de CRA y Garetto de Coninagro, el titular de la Sociedad Rural optó la crítica en tono moderado contra el gobierno, a quién prefirió correr por izquierda cuando dijo que era una vergüenza que en la Argentina haya un 27% de pobres. También machacó en una vieja herida kirchnerista, reabierta después de las elecciones: "¿qué han hecho con los 30.000 millones de dólares que el campo ha puesto en estos últimos 7 años?", disparó, para luego comparar peligrosamente a Belgrano, San Martín, Sarmiento y Alberdi con la actualidad. "Ellos hicieron grande la patria y no necesitaron superpoderes", aguijoneó.La protesta en el sector agropecuario, pese al desencanto de la reunión del viernes, todavía luce como alternativa no deseada. El escenario ahora se trasladará al Congreso de la Nación, donde se redoblará la presión para voltear los superpoderes y conseguir una baja de las retenciones. Menudo problema le ha dejado la Casa Rosada al Parlamento y a sus propios legisladores. El año pasado, la 125 quebró el espinazo del oficialismo en el Senado y estuvo a punto de hacerlo en Diputados. Hoy, golpe electoral de por medio, y con el kirchnerismo en fuga, el resultado de los debates se ha vuelto incierto y diputados y senadores ya no saben qué hacer. Son concientes que, si el conflicto no se soluciona, muchos de ellos volverán a hipotecar sus chances electorales del 2011, pero a Néstor y Cristina parece no importarles, enfrascados en su propia supervivencia política.El INDEC, los superpoderes y el conflicto agropecuario, son intentos demasiado tímidos que amagan con quedarse a mitad de camino. Dos años es mucho tiempo para un gobierno débil. Con el respirador no alcanza. Hace falta autocrítica y conciencia de la realidad. Sino el futuro se volverá peligrosamente sombrío.
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El Día
El tono de la reunión fue cordial y no hubo reproches. Fue diferente al año pasado cuando los cruces con Alberto Fernández empantanaron cualquier acuerdo y dinamitaron la relación entre el gobierno y el campo. La Presidenta inclusive, hizo un alto en su agenda, y pasó a saludar. Fue protocolar apenas pero se buscó distender un poco más los ánimos y no cerrar ninguna puerta.Es algo, diría cualquiera, sino fuera porque se trata de un conflicto que lleva ya un año y medio de vigencia y ha desangrado al gobierno en una pelea inútil que lo llevó a perder las elecciones del pasado 28 de junio. La movida de las horas previas no pareció ser la mejor. El viaje relámpago de la Presidenta a Villa María, Córdoba, a anunciar un acuerdo con tamberos, no fue un buen mensaje. Hubo presiones de distinto tenor y uno de los firmantes es ex vicepresidente de una de las entidades que sólo se representa a sí mismo. Sabiendo que el tema leche se trataría en la reunión con la Mesa de Enlace, ¿qué necesidad había de meter una cuña y generar malestar en forma innecesaria? Estos mismos acuerdos ya se firmaron el año pasado y el gobierno nunca pudo hacerlos cumplir, ¿qué indica que podrá hacerlo ahora?Claro que el derrape oficial había tenido su correlato previo, en una asamblea tan dura como multitudinaria de los productores en la Sociedad Rural. Azuzados por el enojo de los presentes, los cuatro presidentes de la Mesa de Enlace utilizaron un tono innecesariamente duro y hostil contra el gobierno, a horas de la reunión clave. El desliz les valió críticas hasta de la oposición, aunque denunció las dificultades que los dirigentes agropecuarios tienen desde hace tiempo para controlar a las bases.Con estos antecedentes, el encuentro en la Casa Rosada fue llamativamente tranquilo, aunque los resultados parecen haber estado lejos de satisfacer los reclamos del sector. Los largos enunciados posteriores de la Ministra Giorgi sobre los 'aportes' que el estado le ha hecho al campo en los últimos años, fueron nafta para apagar el incendio. No hubo, ni en ella ni en Fernández, ni en Boudou un esbozo de autocrítica, sólo ratificación de las políticas en marcha. Apenas corrección de algunos abusos pero no cambios de rumbo. Pregunta: ¿qué pasó el 28 de junio pasado? ¿No hubo acaso un severo cuestionamiento hacia esas políticas? El gobierno por ahora sigue sin tomar registro de eso y está decidido a avanzar con pocas concesiones. Sólo así se interpreta la jugada de Villa María y la comunicación de las decisiones que tomó la presidenta. La charla con la Mesa de Enlace nunca fue una negociación: fue apenas una exposición de temas, la mayoría sin respuesta, y la comunicación de algunas decisiones.El divorcio entre lo hablado y evaluado después fue tal, que Buzzi ironizó diciendo que estuvo en una reunión distinta y Biolcatti y Llambías no pudieron ocultar su desencanto. El tema más cargado de simbolismo del conflicto, las retenciones, prácticamente no se tocó aunque las versiones también difieren. Los dirigentes del campo afirmaron que plantearon la cuestión y no hubo respuesta, en cambio Fernández fue concreto en la conferencia: no hay plata, dijo palabras más palabras menos, desnudando los problemas de caja que desde hace tiempo afectan al gobierno. Cuentan que la Presidenta se guarda en la manga la posibilidad de reducir las retenciones al trigo y al maíz, pero las de la soja son intocables: Boudou le advirtió que si lo hace habrá déficit fiscal.Así las cosas y con sabor a poco en la boca, la expectativa por la inauguración oficial en Palermo ayer sábado creció exponencialmente. Luego de aplaudir a rabiar la carta de excusa que envió el Vicepresidente Julio Cobos, los ruralistas escucharon con atención el discurso de Biolcatti. Secundado por Buzzi de Federación Agraria (una imagen impensada hace un tiempo). Llambías de CRA y Garetto de Coninagro, el titular de la Sociedad Rural optó la crítica en tono moderado contra el gobierno, a quién prefirió correr por izquierda cuando dijo que era una vergüenza que en la Argentina haya un 27% de pobres. También machacó en una vieja herida kirchnerista, reabierta después de las elecciones: "¿qué han hecho con los 30.000 millones de dólares que el campo ha puesto en estos últimos 7 años?", disparó, para luego comparar peligrosamente a Belgrano, San Martín, Sarmiento y Alberdi con la actualidad. "Ellos hicieron grande la patria y no necesitaron superpoderes", aguijoneó.La protesta en el sector agropecuario, pese al desencanto de la reunión del viernes, todavía luce como alternativa no deseada. El escenario ahora se trasladará al Congreso de la Nación, donde se redoblará la presión para voltear los superpoderes y conseguir una baja de las retenciones. Menudo problema le ha dejado la Casa Rosada al Parlamento y a sus propios legisladores. El año pasado, la 125 quebró el espinazo del oficialismo en el Senado y estuvo a punto de hacerlo en Diputados. Hoy, golpe electoral de por medio, y con el kirchnerismo en fuga, el resultado de los debates se ha vuelto incierto y diputados y senadores ya no saben qué hacer. Son concientes que, si el conflicto no se soluciona, muchos de ellos volverán a hipotecar sus chances electorales del 2011, pero a Néstor y Cristina parece no importarles, enfrascados en su propia supervivencia política.El INDEC, los superpoderes y el conflicto agropecuario, son intentos demasiado tímidos que amagan con quedarse a mitad de camino. Dos años es mucho tiempo para un gobierno débil. Con el respirador no alcanza. Hace falta autocrítica y conciencia de la realidad. Sino el futuro se volverá peligrosamente sombrío.
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