El gobierno va por lo último que le queda: las reservas
A la escandalosa novela de la ida de Martín Redrado del Banco Central de la República Argentina no le faltó nada. El culebrón arrancó en diciembre y amaga con seguir, pese a la decisión que comunicó el economista el viernes. El gobierno, volvió a pagar caro su escaso apego a las normas republicanas y su voracidad para conseguir fondos.Por Jorge BarroetaveñaEl Día de GualeguayLa remoción del economista del Banco Central se convirtió en la novela del verano, superando incluso en rating a la tira Valientes que emite Canal 13 todos los días. Es que Redrado, a esta altura más parecido a Luciano Castro que a otra cosa, buscó ser el héroe de una resistencia que no fue tal durante los más de cinco años que estuvo al frente de la entidad monetaria. A ver. Redrado denunció el viernes en conferencia de prensa, previo a anticipar su renuncia, que debió frenar varios intentos de devaluación del peso y de utilización de las reservas para comprar acciones de YPF. El ahora ex funcionario no tuvo empachos en acusar al gobierno de 'voracidad' de fondos, algo que desde años se ha convertido en un sello del kirchnerismo.En este divorcio escandaloso, cada uno fue fiel a su estilo. El kirchnerismo haciendo uso y abuso de su poder, se cruzó con un funcionario empacado que apeló a todos los mecanismos que fija la constitución para evitar su despido. En el gobierno, siguen sin decodificar que ya no tienen el poder de otrora. Que los tiempos en que Néstor Kirchner levantaba el teléfono y todo se subordinaba a una orden suya se terminaron. Si un economista pudo resistir durante semanas una medida presidencial, se atrincheró en el Congreso y consiguió fallos favorables de la justicia, significa que la historia ha dado vuelta una página y busca nuevos protagonistas.La Casa Rosada fue un elefante en un bazar. Si hace un año el enemigo público número 1, acusado de conspirador era el campo, ahora mutó por el 'partido judicial' y los eternos grupos multimediáticos monopólicos, que buscan hacerle pagar al gobierno su osadía con la nueva Ley de Medios (hoy frenada por la justicia). Siguiendo esa lógica de la conspiración, fueron encadenando un error atrás otro, tanto que la Presidenta debió dar marcha atrás y dejar en manos del Congreso y del odiado Julio Cobos, la decisión final de remoción del díscolo Presidente del Banco Central. La previa fue una lluvia de diatribas contra el Vicepresidente a quién, desde el primer hasta el último funcionario, le volvió a pedir la renuncia. Es más, en algún momento de la crisis el foco dejó de ser la ida de Redrado, y pasó a ser la conveniencia para la república que un vice 'opositor' siguiera en el cargo. La justicia también cayó en la volteada. En un desborde peligroso para la democracia, la Jueza María José Sarmiento fue virtualmente 'acosada' por el poder político. El patrullero en la puerta de su casa rememoró las peores épocas de la Argentina. Extraño, aunque no inesperado, para un gobierno que se jacta de guardar las formas republicanas y condena toda forma de violencia. Algún día, alguien deberá dar una explicación concreta y pagar con el cargo semejantes desbordes.Como un cowboys desorientado que tira tiros para todos lados, la última opción fue el insulto, liso y llano. Fue también el inefable Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, el que recurrió al académico y contundente término de 'estúpido' para calificar a Martín Redrado. Con cada insulto, con cada palabra fuera de lugar, con cada arremetida, la imagen de Redrado se consolidaba, poniendo en riesgo además, el verdadero objetivo de la Casa Rosada: las reservas.Después de tantos desatinos, sólo un camino fue posible: el Congreso. Constituída la Comisión Bicameral, integrada por Cobos, Prat Gay (Coalición Cívica) y Marconatto (FPV), empezaron a desfilar todos los involucrados. Hasta Redrado, que amagó con no ir, debió comparecer y dar las explicaciones del caso. Cuando todo parecía encaminado a conocer el dictamen el martes, el economista pateó el tablero y comunicó su renuncia. Igual, el proceso seguirá adelante y Cobos y Prat Gay deberán fundamentar sus votos, corriendo el riesgo de ser cuestionados dentro de sus propios partidos. Con el dictamen en la mano, obviamente que la Presidenta resolverá a mitad de semana o un poco más allá cumplir con su deseo y eyectar del cargo a Redrado.Pero el saldo de la pelea será, nuevamente, ampliamente desfavorable para las ambiciones oficiales. No sólo porque un funcionario poco conocido como Redrado lo tuvo en jaque durante un mes y le provocó un desgaste enorme, sino porque el conflicto puso sobre la luz pública el uso de las reservas y lo que Néstor Kirchner quiere hacer con ellas. Sin financiamiento externo, con el Tío Rico Chávez en serios problemas y bajas recaudaciones carcomidas por la inflación y el aumento del gasto público, el kirchnerismo ya no sabe cómo financiarse. En la mente calenturienta del ex presidente las reservas son la última alternativa que queda para enfrentar con posibilidades el 2.011. Con semejante chequera le será fácil volver a disciplinar a los gobernadores que empezaron a mirar para otro lado o a los que coquetean con Duhalde en la Provincia de Buenos Aires. Lo que pasó en Pinamar encendió las luces de alarma. La reacción pública de Kirchner fue el silencio, pero en Olivos las paredes temblaron. El sureño está en plena reconstrucción de su poder interno y Redrado es una piedra que no esperaba encontrar. Apareció la justicia y ahora el Congreso, que tendrá la última palabra sobre el DNU del Fondo del Bicentenario. Clave para el proyecto de supervivencia de un poder en retirada, que todavía no se ha dado cuenta.
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