El humor, remedio contra la adversidad
Casi nunca el mundo se amolda fielmente a nuestros deseos. Y acaso parte de la sabiduría consista, en este sentido, en no agravar la terquedad de la situación, apelando a una vieja estrategia: el humor.Los sabios estoicos de la Antigüedad invitaban a reconciliarnos con la imperfección incurable de la existencia. Partían del supuesto que los bienes y los males son consustanciales a la vida.La clave pasa, razonaban, por la actitud que uno asume ante la adversidad. O aprendemos a soportar aquello que no podemos evitar o agravamos el cuadro con nuestras propias reacciones, con arrebatos de furia, ansiedad, amargura o paranoia."El animal más sufriente de la tierra se vio obligado a inventar la risa", escribió Friedrich Nietzsche, sugiriendo que el humor es un instrumento fabuloso para sobrellevar las dificultades.No se trata de caer en la frivolidad de tomar las cosas "a la chacota", del recurso fácil de "reírse de todo", como si no importase nada porque nada tiene sentido.El sentido del humor permite dar a las situaciones complicadas su justa dimensión. Más bien las asume desdramatizándolas, recordando que a veces la realidad más seria tiene también un costado risible.Se diría que la realidad no es lo suficientemente grande ni suficientemente terrible como para que el hombre no descubra en ella su aspecto paradojal o simplemente absurdo."Mediante el sentido del humor -dijo André Breton- es posible efectuar una pirueta con la que superar la habitual gravedad de los acontecimientos, por trascendentes que estos sean".El humor, en este sentido, a la vez de ser un rasgo de la inteligencia, es una interpretación sui generis de la realidad, que trasciende la mera percepción de las cosas, instalando que hay más de un significado.El psicólogo español José Elías opina: "La risa relativiza las cosas. Reírse ante una situación permite afrontarla en mejores condiciones. La creatividad se dispara y se pueden encontrar mejores soluciones a los problemas".Elías aclara que "cuando ocurre algo fuerte o traumático, es lógico pasarlo mal". Pero lo importante es superar esta situación y aquí el humor, al establecer una ruptura con el curso de los hechos, y recordarnos que la vida continúa, es una salida.La risa (o carcajada) reduce el estrés y el estado de dolor, produce un masaje interno del organismo que estimula su funcionamiento. Y sobre todo es un antídoto contra los estados depresivos."Cuando nos reímos generamos dopamina, serotonina y adrenalina. Esto hace que después de reír siempre te quedes alegre. Ves todo con otros ojos, percibes tu entorno mejor, y a ti mismo también. Esto te protege frente a enfermedades como la depresión", señala Elías.Si el hombre es el único animal que ríe, como sugiere Nietzsche, el filósofo Henri Bergson añade también que es el único que hace reír. No sólo las cosas tienen un potencial humorístico, lo que hace que el hombre se ría. Existe además lo "humano ridículo", que también hace reír.La capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio, mediante el expediente de reírse de uno mismo, en un remedio contra el engreimiento, una herramienta crítica contra nuestra fatuidad.Reírse a costillas de uno mismo, o de las desgracias propias, puede ayudar a recordar que no somos el centro del mundo, que éste gira con independencia de nuestro deseo.El humor es un instrumenta de resistencia, que a la vez nos libera y nos hace humildes. Tomarse las cosas con filosofía, en suma, es soportar con humor las contradicciones de la vida.
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