El imán que ejerce la idea de que el mundo se acaba
¿Acaso vivimos envueltos en una sensación mundial de acabose cósmico? Mientras los ecologistas radicales hablan de un apocalipsis terráqueo, hay quienes piensan que 2012 será un año de traumas sin precedentes. Recientemente, el diario La Razón de España, publicó un artículo donde indica que "millones de personas en los cinco continentes están convencidas de que nuestra civilización se extinguirá en un lustro".Por otro lado, el buscador de Internet Google informó que entre las diez primeras palabras más consultadas por los cibernautas, nueve de ellas estarían relacionadas con el Fin del Mundo.En esta escalada, el escritor norteamericano Lawrence E. Joseph, publicó un libro titulado "Apocalipsis 2012", en donde sostiene que, de acuerdo a un sinfín de indicios, el año entrante ocurrirá un cataclismo que marcará el fin de la actual civilización, dando como resultado un tipo de vida distinto al que conocemos.El escritor, colaborador del diario The New York Times, de los Estados Unidos, sostiene que son muchas las fuentes no sólo predictivas sino (y principalmente) científicas que le aseguran que un colapso cósmico ocurrirá en 2012."Si sólo una profecía maya predijera el fin del mundo, este tema no me habría preocupado. Lo que me convenció de que la situación es alarmante fue su coincidencia con fenómenos muy alarmantes de la superficie solar", señaló a la prensa.Para él, la clave está en los constantes cambios del Sol, los cuales tendrán su pico más alto justamente el año entrante. "Nos estamos acercando a tiempos difíciles. El Sol es un capullo de mariposa a punto de eclosionar", diagnostica.Y añade: "La capa de ozono de la Tierra se está agujereando debido al calentamiento global del planeta producido por la actividad atípica del astro rey, tal y como apunta una teoría que se ha debatido en un congreso que ha contado con el apoyo de la NASA y de la Universidad de Harvard".Al ser consultado sobre en qué consistirá el cambio que se avecina, Lawrence E. Joseph respondió: "La Tierra se portará estupendamente, resistirá el duro golpe, se adaptará y seguirá adelante. Pero el hombre, tal y como lo conocemos hoy, no correrá la misma suerte".¿Qué visos de seriedad tiene el pronóstico del escritor norteamericano? ¿Se le puede dar crédito? En realidad, habrá que decir que cada uno cree en lo que quiere.Aunque es interesante hacer constar que la idea de los cataclismos cósmicos es tan vieja como la humanidad, y también que ejerce una poderosa atracción en la imaginación de los hombres de todos los tiempos.Las culturas arcaicas, sobre todo, estaban impregnadas de esta fórmula. El estudioso de las religiones, Mircea Eleade, cuenta por ejemplo que la creencia del fin de la humanidad, seguida de la aparición de otra nueva, es antiquísima.Refiere el caso de los guaraníes del Mato Grosso, quienes conocedores de que la Tierra sería destruida por el fuego y por el agua, partieron en busca del 'país sin pecado', especie de paraíso terráqueo, situado al otro lado del océano.En realidad eran tribus que esperaban y deseaban el fin del mundo. El etnólogo Curt Nimuendajú, en 1912, hace este impactante relato: "No sólo los Guaraní, sino toda la naturaleza está vieja y fatigada de vivir. Más de una vez los medicine-men, cuando encontraban en sueños a Nanderuvuvu, oyeron a la Tierra implorarle: 'He devorado demasiados cadáveres; estoy harta y agotada. ¡Padre, haz que esto acabe!' El agua, por su parte, suplica al Creador que le conceda el reposo y aleje de ella toda agitación, igual que los árboles (...) y la naturaleza entera".
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