El instinto ancestral por el territorio propio
Los pueblos originarios pretenden que les devuelvan sus tierras. "La integridad territorial", es una bandera de los nacionalismos. Los ecologistas hablan de que hay una lucha "por los recursos naturales".Cualquiera de estas tres expresiones supone una "defensa del territorio". Según el geógrafo Carlos Revoratti, profesor de la UBA, los medios académicos discuten si la especie humana tiene una percepción territorial innata.Una percepción que la lleva -como otras especies animales- a defender la porción del espacio como propia y que está dispuesta a controlar. Cabría preguntarse, en tanto, cómo juega aquí el instinto adquisitivo propio de los humanos.La historia de la humanidad revela la relativa volatilidad de la posesión territorial. Los espacios geográficos han pasado de mano en mano según se han sucedido distintos dueños.Los imperios siempre siguieron su instinto conquistador, a costa de poseedores más débiles. Roma, por caso, controló gran parte del mundo antiguo. Y esto gracias al empleo de la guerra y de la fuerza.A decir verdad, en este caso no había un derecho preexistente e inmutable que justificara la posesión de nuevas tierras. A lo sumo, dicho derecho fue una formulación posterior, a modo de racionalización. Conclusión: la dominación precede y hace posible los títulos soberanos.Los indígenas americanos, por su lado, se vieron despojados de sus tierras por los conquistadores españoles. Dueños originarios del espacio, dejaron de serlo por la fuerza. Fue un ejercicio imperial.Finalmente España debió abandonar el continente. Por las revoluciones criollas, perdió el control del territorio. Y hoy ya nadie se imagina al rey de España reclamando derechos por las ex posesiones americanas.La controversia por las islas Malvinas, podría leerse en sentido diacrónico. ¿Acaso no fueron aborígenes sus antiguos dueños? Fue propiedad después de los españoles mientras ellos tuvieron el virreinato. Tras la revolución de Mayo, pasaron a los argentinos. Hasta que los ingleses, también por la fuerza, se apoderaron de ellas.Hace poco, Javier del Rey Morató, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, al hablar de la estrecha relación entre argentinos y uruguayos, postuló que el Río de la Plata es en realidad una unidad espiritual y cultural. Algo que se malogra, según su opinión, sólo por la política o la "tara cognitiva del nacionalismo", Curioso narcisismo político es el que se practica en esta zona, especuló, ya que todavía perpetúa la política imperial de Inglaterra, que impuso la "independencia" de la antigua provincia, llamada entonces Cisplatina."Borges -anotó Morató- confesaba que, si tuviera que exiliarse, haría trampa: se iría al Uruguay. Allí consumaría un simulacro de exilio sin salir de su país".La defensa del territorio a capa y espada es un postulado de los nacionalismos. La existencia de un Estado queda garantizada cuando dispone del suficiente espacio, postula esta ideología. Este principio fue uno de los detonantes de las dos guerras que ensangrentaron a Europa en el siglo XX.En su obra 'Mein Kampf', Adolf Hitler declaró: "Los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender el crecimiento poblacional".Revoratti recusa al nacionalismo por mentar una "territorialidad inventada, creada por un aparato educacional y cultural que nos lleva a creer en el valor mágico de la frontera".En su opinión, es mucho más legítima hoy la lucha por la posesión de la tierra de los vecinos (como en Humahuaca), la que llevan adelante los pueblos originarios, y el cuidado del medio ambiente.
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