El interés por educarse y la importancia del saber
La "XXXII Feria Departamental de Ciencias, Tecnología y Sociedad", que se desarrolla estos días en la ciudad, hace pensar en la relevancia de que los jóvenes se impliquen en el cultivo intelectual.Las actividades científicas y tecnológicas, en estos ámbitos en los que los niños y adolescentes ponen a prueba su ingenio y capacidad, son loables iniciativas en varios sentidos.Estas ferias fomentan el amor por la ciencia en todas sus expresiones. Son un ámbito propicio para potenciar la curiosidad científica de los más jóvenes. En términos pedagógicos, al dejarlos que investiguen por su cuenta, se logra una mayor implicancia en el aprendizaje escolar.Mediante esta modalidad, la escuela cumple con uno de sus objetivos básicos: cultivar y aprovechar el ansia de conocimiento que tienen los adolescentes.Los organizadores del evento, al justificar el valor pedagógico de esta competencia, citan una frase de Emilio Muñoz, que dice: "En la investigación, es incluso más importante el proceso que el logro mismo".Es decir, importa menos el producto final que todo lo que hubo que trabajar, aprender y entrenarse antes para que dé a luz. El proceso previo de detectar el problema, buscar las soluciones y trabajar en equipo, es lo que hace la diferencia.El acto mismo de ser inquietado por algo y que mueve a la inteligencia a dilucidarlo, sea porque se quiere hallar la verdad de un asunto o porque se quiera resolver un problema práctico de la vida, es de valor trascendente.A propósito, no hace mucho el académico Guillermo Jaim Etcheverry hacía suya la inquietud del escritor español Rafael Argullol acerca del desinterés intelectual que se advierte en los estudiantes.Argullol se mostraba alarmado por la pobreza mental de los jóvenes quienes, decía, "adiestrados en la impunidad ante la ignorancia, no creen en el peso favorable que el conocimiento puede aportar a sus futuras existencias".Concluía que esta situación no es más que el reflejo de un fenómeno generalizado: la indiferencia por el saber que muestra la sociedad que esos jóvenes integran.Los jóvenes han sido contagiados por el clima antiilustrado que caracteriza nuestra época, un fenómeno por otro lado paradójico, porque esa misma sociedad se autodefine como "sociedad del conocimiento".La otra paradoja, señala Etcheverry, es que los jóvenes no alcanzan a advertir que la tecnología, "a cuyo consumo desenfrenado se los impulsa", tiene su origen, precisamente, en los fundamentos teóricos desarrollados por generaciones anteriores.Como ocurre en casi todas las cosas de la vida, es crucial la variable individual. Ningún entorno, por más favorable que sea, sustituye la responsabilidad personal, en este caso ante el saber.Esto lo vio el presidente Barack Obama, quien en un célebre discurso a los estudiantes, señaló: "Pero en última instancia, aunque contemos con los maestros más dedicados, con las mejores escuelas del mundo, nada de eso importará a menos que todos ustedes cumplan con sus responsabilidades, a menos que asistan a esas escuelas, a menos que presten atención a esos maestros, a menos que escuchen a sus padres, a sus abuelos, a los demás adultos y, sobre todo, a menos que estén dispuestos a realizar el duro trabajo que se requiere para alcanzar el éxito. Cada uno de ustedes es el responsable último de su propia educación".Esa responsabilidad personal, lo que hagan los jóvenes con su educación, decidirá paralelamente el destino de la sociedad en la que viven. Por eso Belgrano, entre nosotros, decía: "Sin educación nunca seremos más de lo que somos".
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