El juego ayuda a bajar la violencia escolar
Los episodios de violencia en la escuela son cada vez más recurrentes. Juegos mentales como el ajedrez, pueden ayudar a conjurar la agresión de los chicos entre ellos y con los docentes.La institución escuela, en tanto ámbito para la formación y la transmisión de saber, se está convirtiendo en escenario de conductas antisociales. La violencia, en concreto, es una de ellas.La riña entre los chicos es algo de todos los días. Pero se trata de una tendencia morbosa y multifacética, porque en el último tiempo se ha sumado la agresión a docentes, cuya profesión ha pasado a ser de riesgo.Lo que antes era violencia verbal ahora degenera en violencia física. Y la autoridad misma del aula, representada en la maestra, es desafiada por algunos estudiantes, que no trepidan en agredir.Pues bien, entre las muchas técnicas disponibles para sublimar el instinto de violencia de los chicos, figura el ajedrez. ¿Puede un juego de mesa, en el que está implicada simbólicamente una guerra, tener efecto tan positivo en este caso?Algunos expertos sostienen que sí. Hablan de que los chicos con problemas de conducta encuentran en el ajedrez una manera de canalizar adrenalina y obsesión.Y de hecho, la enseñanza de este juego se introduce en los programas educativos de algunos colegios.El elemento lúdico, en este caso, contribuiría a modelar conductas positivas entre los estudiantes. Un juego inofensivo, que insume mucha tensión mental, tendría la virtud de sublimar el instinto de agresión.El ajedrez, que está extendido en todo el mundo, no sólo es un juego, sino un arte, una ciencia y un deporte mental. En este sentido, tiene un alto valor pedagógico.Algunos autores lo proponen vivamente en la escuela como herramienta para el desarrollo del pensamiento crítico. Pero ahora se recalca su importancia desde el punto de vista actitudinal.Entre otras razones, porque en una situación de competitividad entre los jugadores, incorpora en ellos el concepto de que hay que respetar el diseño de un plan.Además, ya que el ajedrez involucra el ejercicio de la reflexión, introduce en los chicos que lo practican el valor de la paciencia, cuyo aprendizaje es crucial en este tiempo dominado por el vértigo que imprimen Internet, los videojuegos y el zapping.La práctica del ajedrez en el aula, según los especialistas, ayudaría a adquirir estas habilidades. A saber:- Estimula el pensamiento lógico, la memoria, la imaginación, la tenacidad y la precisión.- Promueve la voluntad, la concentración, el discernimiento y la autocrítica.- Enseña a aceptar reglas precisas y que existe un contrincante al que se le debe tener respeto.- Permite accionar con autonomía, solucionar situaciones problemáticas y lograr la cooperación entre las piezas para hacer una partida armoniosa.En un momento de confusión en la escuela, donde al declive del pensamiento corre parejo un desmadre conductual entre los alumnos, merece considerarse esta estrategia.La enseñanza del ajedrez, insistimos, no sólo puede ser útil como forma de desarrollar el intelecto. Tendría, paralelamente, una gran capacidad para sublimar la agresión entre los jóvenes.Así, aunque parezca paradójico, un juego de guerra se erige como una de las herramientas idóneas para derrotar uno de los flagelos de la sociedad argentina, que tan angustiados tiene a maestros y padres.La escuela parece haber dejado de ser ese lugar acogedor que fue antes. En ella estalla lo peor de una sociabilidad en crisis. Donde el valor del respeto se ha evaporado.El ajedrez puede ser un aliado para torcer este rumbo ruinoso.
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