El Juez Rafecas puso el oxígeno y el kirchnerismo los pitos y las matracas
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Lo peor del temporal ya pasó y el kirchnerismo se prepara hoy para dar su última señal de fortaleza en la parte final del mandato. La Presidenta hablará ante la Asamblea con la intención de proyectarse y proyectar su gestión al que la suceda. Parece política ficción pero es real: mientras el peronismo naufraga, el kirchnerismo piensa en su propia supervivencia. Jorge Barroetaveña El alivio fue grande el miércoles cuando la noticia ganó rápido los noticieros: el Juez Federal Daniel Rafecas desestimó la denuncia del muerto Fiscal Nisman y consideró que no había elementos suficientes para abrir una investigación. De paso ratificó la voluntad oficial de esclarecer el atentando contra la AMIA. El clima de euforia dominó la asunción del polifacético e irrompible Aníbal Fernández y de Wado de Pedro, líder de La Cámpora que sienta sus reales formales en la Casa Rosada. Fue un buen día para la Presidenta que hasta se dio el lujo de mostrar al sonriente Amado Boudou a sus espaldas.Todo indica que el gobierno radicalizará su discurso sin importarle si gana o pierde las elecciones. El único que todavía no se dio cuenta es Daniel Scioli que sigue aferrado a su lealtad pensando que con eso puede llegar a ser Presidente de la Nación. Scioli ha hecho de su indefinición una estrategia. Si hasta acá me alcanzó, ¿porqué no me va a servir para llegar a la Casa Rosada? Claro que Scioli no cuenta con que el kirchnerismo no lo quiere, nunca lo quiso ni lo querrá y tampoco le importa mucho a esta altura resignar la victoria. Cada paso y decisión de la Presidenta tiene por estas horas el objetivo de marcarle la cancha al que venga (no importa quién sea), blindar la herencia y poner en una caja fuerte lo que le quede de poder. Y desde allí operar el manejo de la oposición para intentar un retorno triunfal dentro de 4 años.Es natural, que en las postrimerías de su estancia en el poder, los gobiernos suelen relajarse, tender puentes con los posibles sucesores y tomar decisiones que tengan cierto grado de consenso. Pero el kirchnerismo siempre confundió esas señales con muestras de debilidad y nada indica que esté dispuesto a cambiar. Jorge Milton Capitanich, que llegó con aires de ser candidato presidencial se terminó yendo por la puerta de atrás para arreglar el incendio político de su provincia. Tuvo tan poco poder que ni en el fútbol pudo meter mano. Hasta protagonizó una bizarra pelea con Tinelli que no se cansó de denostarlo durante este tiempo. El colmo fue cuando en cámara rompió un diario, en un gesto de violencia gestual inconcebible para el momento que vive la Argentina. Aníbal Fernández es un todo terreno que le ha prestado servicio a todos los gobiernos peronistas desde el retorno a la democracia. Estuvo con Menem, Duhalde y los Kirchner y el bigote nunca le tembló. Es un frío cirujano que no duda a la hora de hacer los mandados y defender lo indefendible. Es un buen piloto para el tramo final que seguro estará lleno de barandazos.Y Wado de Pedro no hace más que blanquear el papel de La Cámpora y el lugar que la Presidenta le asigna en el reparto del poder. Con un aditivo especial: deberá ocuparse con precisión suiza de las listas de legisladores nacionales para las elecciones de octubre. Es que allí quedará concentrada la influencia kirchnerista y su capacidad para imponerle condiciones al próximo gobierno. Con una gran lupa medirá la dosis de lealtad de los aspiranes y seleccionará a tal fin.El aire festivo que rodeó la asunción de los nuevos funcionarios fue gracias a Rafecas. Si hasta el vapuleado Amado Boudou tuvo su cuota, luciendo su sonrisa Kolynos detrás de la Presidenta y apareciendo cada vez que el director de cámaras ponchaba a la mandataria. En Uruguay no están muy contentos que sea él quién represente al país en la asunción de Tabaré Vásquez. Hace unos años otro ex presidente uruguayo dijo que los argentinos éramos una "manga de ladrones". Ahora será Boudou el embajador oficial.¿No será demasiado? Reuteman y el PROEl impacto que provocó el pase de Carlos Reuteman a las filas de PRO, fue el alerta definitivo para el peronismo que sigue jugando a las cartas en la cubierta del Titanic. En la pelea a brazo partido que Macri y Massa llevan adelante por quedarse con girones del radicalismo y lo que fue el peronismo federal, no hay límites. Reuteman estuvo cerca de Massa pero terminó con Macri, igual que el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, que pegó el portazo y se fue del Frente Renovador. Massa sigue aferrado a sus charlas con Gerardo Morales, con la secreta esperanza de quedarse con la porción más grande del Partido Radical. Todavía está a tiempo porque, si bien las encuestas delatan que hace meses su candidatura se estancó, está a tiro de la salvadora segunda vuelta. Allí todo será posible, más si el que está en frente es Daniel Scioli o cualquier otro candidato oficial.Pero Massa arrastra aún el síndrome de haber pertenecido al kirchnerismo. Tendrá que hacer y decir algo más si quiere que el electorado crítico lo elija. Le alcanzó para ganar Buenos Aires en 2013, pero necesitará un plus para quedarse con el premio mayor.A principios del 2014, el Jefe de Gobierno de Buenos Aires no superaba los 10 puntos en cualquier encuesta. Poco más de un año después tiene chances reales de llegar a la segunda vuelta. ¿Qué pasó? Tiene gestión para mostrar, explotó bien su perfil opositor y no metió la pata. Nada demasiado raro pero efectivo para entrar en consideración del electorado. Si es de derecha no actúa como tal y aprendió bien a disimular lo que piensa. Aprendió al cabo. Y auqnue suene raro hizo política. Los acuerdos con Carrió, Reuteman y ahora Posse son una muestra. Corrió los límites y con eso le alcanzó para descolocar a sus adversarios. En el paneo opositor, es el que más hizo por quedarse con los votos de los descontentos y transmitir la sensación que le puede ganar al kirchnerismo, en sus múltiples formas.Hoy, los que siempre miraron al líder de PRO con cierto desprecio han cambiado su perceción. Es noticia: por primera vez en décadas, la derecha argentina tiene un candidato competitivo. Dentro del juego de la democracia. Las cartas están sobre la mesa. Scioli apuesta a su lealtad, Massa al sentido de superviviencia del peronismo y Macri a mostrarse como el único distinto. Y la Presidenta a rescatar algo del inmenso poder que supo tener.
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