
Mirar para otro lado y descalificar la protesta, adjudicándole orígenes poco santos, es tan tonto como peligroso
Tinelli es un personaje polémico. Está subido desde hace 20 años a una ola exitosa de televisión y sabe dónde tocar la sensibilidad del espectador. Tiene esa fina percepción de lo que pasa en la calle. Y el jueves, cuando aún resonaban los cacerolazos, fue el único que aplicó el sentido común, el menos común de los sentidos.Jorge Barroetaveña "Calmen los ánimos", le pidió a los dirigentes y a la propia Presidenta. Parece que no lo escucharon. Claro, después de todo, a quién le importa lo que pueda decir Tinelli.Negar lo que pasó el jueves en las calles dela Argentinano sólo sería necio sino estúpido. Mirar para otro lado y descalificar la protesta, adjudicándole orígenes poco santos, es tan tonto como peligroso.El kichnerismo podrá coincidir o no con reclamos, es obvio que los puros están a kilómetros de distancia, pero sería un pecado no tomar nota. Los fenómenos de la gente en la calle son la razón de ser de las democracias modernas. Hoy, azuzados por esa herramienta aún desconocida e inasible de internet, se han vuelto inmanejables para cualquiera.Echarle la culpa a Clarín y a TN de la convocatoria no sólo es un grosero error de cálculo sino que saca de eje el debate, inútilmente. La clase media ha sido el motor del desarrollo argentino. Y fue Perón, paradójicamente, el que incorporó a millones de trabajadores a ese sector social, cuando reivindicó muchos de sus derechos desde que llegó al poder en la lejana década del '40 en el siglo pasado.La Argentinaamasó pues, a partir de ahí, un sector social que lo distinguió en el mundo y lo puso a la cabeza de los países de Latinoamérica. Burgueses para la visión de la izquierda, asalariados con capacidad de ahorro para el peronismo.Es el mismo sector social que le dio, en 1983 la victoria a Raúl Alfonsín ante el temor violento que inspiraba el convulsionado peronismo. Lo votó a Menem en el '89, lo reeligió en el '95 y llevó a Dela Rúaa la presidencia en el '99.Y desde que Néstor Kirchner llegó al poder fue el sector más favorecido.La Argentinacreció y de a poco, fue recuperando su capacidad de ahorro y consumo. En el 2008, ya con Cristina en el poder hubo un quiebre y se alió con los protestantes del campo, ese sujeto ignoto que irrumpió en la escena política por el destrato kirchnerista.En el 2009 le infringió al oficialismo su primera derrota electoral. Pero Néstor, otro intuitivo para el humor social, hizo los ajustes y, ayudado también por una oposición desconcertada y sin rumbo, le dejó a Cristina su triunfo del año pasado.La Presidenta, ganó enla Capital, el mismo distrito que unos meses antes lo había votado a Macri para su reelección. Y fueron los sectores de clase los que la votaron. Lo mismo ocurrió en los grandes distritos comola Provinciade Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba.Este sujeto social, que hoy los duros del cristinismo optan por demonizar, es el fiel de la balanza, o al menos la realidad lo ha llevado a ese lugar. Sila Argentinahoy se divide en tres tercios, uno opositor, otro oficialista, es el tercero el que tiene el poder de decidir para dónde van los gobiernos.Apelando al manual del 'buen' político fue el Jefe de Gabinete Abal Medina el encargado de echarla nafta al incendio. Sin hesitar disparó: "una movilización de la izquierda junta la misma cantidad de gente"; "los opositores deberían armar un partido y ganar las elecciones"; "les preocupa más lo que sucede en Miami que acá"; "si uno miraba TN, parecía que la plaza estaba llena, aunque ni siquiera pisaban el pasto". Desde la televisión pública, el programa insignia del gobierno etiquetó: "La Marchadel Odio".El funcionario nunca habla sin la venia presidencial por lo que es obvio que fue la primera mandataria la que bajó la orden. Pero, extrañamente, el kirchnerismo no reaccionó uniforme. Scioli, fiel a su estilo, habló de 'prudencia y responsabilidad' y 'atender los reclamos de la gente', y varios gobernadores más, (Jaque de Mendoza y Alperovich de Tucumán) optaron por transitar el mismo camino.Más allá de la molestia que provoca la gente en la calle, se escucharon las demandas. Si los viajes al exterior, la compra de dólares o la capacidad de ahorro afectan a pocos argentinos, la inflación y la inseguridad son transversales a todos los sectores sociales y son, justamente, los más bajos los más desprotegidos. ¿No sería inteligente tomar esa demanda y hacerla propia en lugar de descalificarla?¿No llegó el momento de probar con otra forma de construir poder? En sus primeros años, la estrategia ideada por Kirchner fue eficaz y le permitió pasar del 22 al 54% de los votos. Desde esa cima, ¿no es preferible buscar consensos y tratar de dialogar en lugar de imponer?La división de la sociedad argentina, que Tinelli con sus palabras definió bien, tiene responsables pero hay uno principal: el gobierno. Porque es quien tiene la responsabilidad de gobernar, para 'todos y todas' y a quién la misma sociedad eligió para ese papel. Y diez años en el poder no son poco tiempo para utilizarlo como excusa. ¿Cuál es la lógica que guía estos pasos? Si la división se agranda, los grupos radicalizados de uno y otro lado, habrán ganado, profundizando las diferencias, y dejando heridas que llevará tiempo cicatrizar. Si Cristina ya conquistó esa clase media tan veleidosa, ¿por qué no podría hacerlo de nuevo? Con insultos y descalificaciones será una tarea titánica. El kirchnerismo y la oposición enfrentan un gran desafío. Darle cause institucional a esas demandas que el jueves ganaron la calle. Tienen la obligación de hacerlo porque las democracias deben ser inclusivas y no expulsivas. Para 'todos y todas'.