El kirchnerismo ya fue pero todavía domina la escena peronista
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Sólo hay que cumplir la ley, tan simple como eso. Y nadie debe estar por encima de ella. Cuando la violamos, todos sabemos lo que pasa. El kirchnerismo residual patalea y agita los peores fantasmas. Jorge BarroetaveñaLa Argentina ya lo vio y vivió. Hay que acostumbrarse a vivir en democracia y practicarla. ¿Tan difícil es entenderlo?Las huestes que siguen a Cristina Fernández de Kirchner no entienden que le hacen el caldo gordo al gobierno. El peronismo tradicional, asiste inerme a su zamarreo sin reaccionar, sin darse cuenta que eso también lo perjudica. En silencio, el líder opositor Sergio Massa, supone que semejante batuque lo terminará beneficiando y todos terminarán yendo 'al pie'.A los bolsos revoleados y las cajas llenas de dólares sólo le faltaba el inefable Guillermo Moreno haciendo de las suyas. Es probable a esta altura que el ex secretario de comercio se haya comido el personaje. Debe suponer que haciendo escándalos en televisión podrá darle vida a su agrupación interna y volver a colocar al kirchnerismo en el centro de la escena. Ese Moreno, el de la tele, es el Moreno en estado puro. Sin poder hoy es así, ¿es posible imaginar lo que habrá sido con poder y entre cuatro paredes? Seguramente todas las leyendas que se construyeron alrededor de él son ciertas. Pero, más allá del folclore violento del que se regodea, ¿fue un funcionario eficiente? Manejó durante más de 8 años la economía de la Argentina. Se fue dejando inflación, el cepo y la destrucción de las estadísticas oficiales de la que algún día deberá rendir cuentas. Cuando uno va al médico supone y espera que le va a decir la verdad. No a mentir. Moreno hizo eso con todos los números de la Nación. Los fraguó y modificó a placer para convencernos de una realidad que no era. Si eso no es un delito entonces ¿qué es un delito? Sus gritos y la patoteada remiten a la mayoría social a lo peor del kirchnerismo. ¿No se dan cuenta? Al cabo deberíamos suponer que son eso, esa esencia, y no otra cosa.Lo mismo sucedió el jueves con el circo montado alrededor de la supuesta detención de Hebe de Bonafini. Bonafini, que hace años se dedica a la política en el sentido más estricto de la palabra, por cuanto ella misma se reivindica como kirchnerista, anunció a los cuatro vientos que no acataría la citación judicial. "Que el juez se la meta en el orto", dijo bastante gráfica hace varias semanas en forma pública, en la misma Plaza de Mayo, cuando fue notificada. El jueves, su negativa anunciada y la posibilidad cierta que fuera buscada por la fuerza pública, sirvió para que el kirchnerismo montara un show especial. El desfile de procesados, con Boudou a la cabeza, y sospechados por su actuación en el último gobierno se hizo incesante. Fue extraño ver a sindicalistas como Roberto Baradel o Hugo Yasky, referentes docentes, avalando la rebeldía judicial. ¿Con qué cara podrán pararse delante de sus alumnos en un aula y decirles que las leyes deben ser cumplidas? Igual para legisladores nacionales como Axel Kicillof, con doble responsabilidad por su calidad de funcionario público.Esa mescolanza inflamada sólo tenía un objetivo: que la policía intentara llevarse por la fuerza a Bonafini y se desatará una represión feroz. Era la foto buscada para que recorriera el mundo. A riesgo de quedar en una posición débil, el juez Martínez de Giorgi terminó negociando y Bonafini finalmente aceptó ir a declarar a principios de esta semana. Si es inocente, ¿por qué tanto miedo de dar explicaciones ante la justicia?Los primeros en denunciar la situación de Sueños Compartidos fueron los propios trabajadores, los mismos que el kirchnerismo dice defender. Los 250 millones que los señores Schoklender con aval de Bonafini se fumaron, fueron aportes sociales y jubilatorios que no le hicieron a los trabajadores de la fundación. Fueron miles de casas que no se terminaron. Plata que fue a parar a cuentas personales, del exterior, de varios miembros de Sueños Compartidos. Y fue Bonafini la que, considerándolo su hijo, le acercó a los hermanos Schoklender a Néstor Kirchner. Fue por ella que existió Sueños Compartidos y la posibilidad de manejar fondos millonarios para hacer viviendas. Quizás no sea culpable, y para eso debe someterse a la justicia como cualquier hijo de vecino, pero sí es responsable política de semejante desaguisado.El peronismo asiste impertérrito a semejante aquelarre. Ninguna voz de peso se levantó para defender a Bonafini, pero tampoco nadie salió a condenar su conducta. Hicieron lo mismo que en los años duros de Néstor y Cristina, callaron. La diferencia es que ya no hay obras ni fondos para negociar con un tal José López, o Julio De Vido. Ni la jefa maneja ya la chequera.Desde Brasil adonde viajó a presenciar la inauguración de los Juegos Olímpicos, el Presidente debe tener una mueca de satisfacción. Por ahora, en economía le va mal y no ha podido enderezar el barco pero el costo de los errores aún no los paga. El kirchnerismo residual se empeña en seguir marcándole la agenda a la oposición, con sus inmensas debilidades a cuestas. Los bolsos de López, los dólares de Florencia en cajas de seguridad, los trenes truchos de De Vido o la olvidada imprenta de Boudou, están ahí, omnipresentes. Desesperado, Pichetto fue el único que durante la semana le pidió a Cristina directamente que se calle la boca. "Los ex presidentes en países avanzados no hablan de la coyuntura". Es que no somos un país desarrollado y es obvio que la ex presidenta no le va a hacer caso a Pichetto. Vuelvo, el peronismo se autoflagela y no se anima a dar vuelta la página. El kirchnerismo fue, pero todavía lo domina.
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