El kirchnerismo ya no existe: el cristinismo avanza y no deja títere con cabeza
El último discurso de la Presidenta en el Congreso, fue el reflejo de la política de estos años: separados, irónicos y vengativos. Pero la puja no terminó ahí, se trasladó a la Fiesta de la Vendimia en Mendoza.Por Jorge Barroetaveña Entre gracioso y entretenido fue el discurso de la Presidenta de la Nación ante la Asamblea Legislativa en el Parlamento, para inaugurar un nuevo de período de sesiones ordinarias, que no serán en este año electoral ni sesiones ni ordinarias. ¿Alguien supone quizás que el Parlamento trabajará demasiado este año? ¿Justo cuando la mayoría de los legisladores pelea alguna candidatura o pone en riesgo su supremacía distrital? Sonó risueño hace un par de semanas cuando un legislador (conocido y de peso) prometió que 'intentarían' sesionar la mayor cantidad de veces posibles. ¿Acaso no es su obligación? Lo es pero en la Argentina lo obvio se ha vuelto irregular.Ese estilo coloquial que la Presidenta le impuso a sus discursos en el Congreso, los ha hecho piezas verdaderamente interesantes. No por el contenido, sino por el ida y vuelta que se genera y que no se sabe bien adónde va a terminar. Si a eso le agregamos un Vicepresidente traidor, que llegó con ella y después pegó el salto porque la imagen presidencial caía a pique en las encuestas, tenemos un cóctel bien explosivo. A eso hay que sumarle en dosis homeopáticas los barras de cada uno, las caras de los legisladores y la infinidad de funcionarios y pseudo-funcionarios que aprovechan el aquelarre para colarse y figurar un ratito.En un país serio, al menos se espera un saludo entre la Presidenta y su Vice. Gracias a Dios lo hubo, aunque no estuvo exento de una extrema frialdad. Es más, Cristina y Cobos apenas cruzaron la mirada y cuando lo hicieron fue para reproches. Es que los simpatizantes del mendocino insistieron tanto con el "Cobos Presidente" que la primera mandataria estalló y le pidió, mientras lo fulminaba con la mirada que los hiciera callar. Claro, en la transmisión oficial, siempre regada de buenas dosis de amplitud y ecuanimidad, al Vicepresidente se lo vio pocas veces, detrás de la señora que llevaba al lenguaje de señas las palabras presidenciales. Seguramente nunca se dieron cuenta que con el 'cuadrito' tapaban a Cobos. Tampoco nunca se sabrá si hubo otros legisladores que no fueran del oficialismo. Salvo un paneo fugaz sobre Ricardo Alfonsín, el resto de los partidos brilló por su ausencia. O no fueron y dejaron plantada a la Presidenta o se volvieron invisibles para las cámaras de la televisión pública.Memorable fue también el mini diálogo que la Presidenta mantuvo con Pablo Orsolini, diputado de extracción radical y vice de la FAA. O la mirada apuntando a Diana Conti, una habitué de las tertulias en Olivos, que cometió la osadía de hablar de una Cristina 'eterna', o la frase "no se hagan los rulos", cuando hizo referencia a su reelección este año. Fue, lejos, la visita más sabrosa que ha hecho en estos años la Presidenta al Congreso y la que dejó más tela para cortar. El "cristinismo"Varias referencias del discurso presidencial marcan la distancia, cada vez más grande, entre los cristinistas y la propia Cristina. Esta semana le hicieron pagar un costo escuálido, aunque más adelante no se sabe, con dos iniciativas llamativas. La primera se llevó las palmas y fue el pensamiento dicho al aire de Conti. La "Cristina eterna", no es la mejor idea para la campaña que se avecina, aunque responde a una necesidad imperiosa. Sin Néstor, el kirchnerismo sólo tiene sustento en Cristina. Sin ella a la cabeza, ¿quién? Ese interrogante recorre desde hace un tiempo el cielo oficialista y todavía no apareció la respuesta. El fantasma de Scioli es un sapo que el cristinismo no está dispuesto a tragarse y ya se han puesto en campaña para buscarle reemplazante. El "Cristina eterna" en realidad, no sólo es una convicción para Conti (que llegó al poder de la mano de la Alianza) sino un imperativo de la realidad política.Pero los cristinistas no tienen paz. El grupo de intelectuales que apoya al gobierno, haciendo gala del título que obtuvieron en la universidad, se propuso evitar que Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura y ex candidato presidencial en Perú, disertara en la inauguración en la Feria del Libro. ¿Los motivos? No les gusta cómo piensa ni lo que dice del gobierno argentino. Cuando el papelón nacional e internacional amagaba con hacerse una bola imparable, fue la Presidenta la que aportó una cuota de racionalidad. Levantó el teléfono y le pidió al titular de la Biblioteca Nacional que retirara la carta en contra de Vargas Llosa que habían hecho circular. El derrape ya venía de los días previos, cuando la Agencia Estatal Télam modificó su página web, en un intento de panegírico de Néstor Kirchner. El 'exceso' le costó la cabeza a uno de los directivos, aunque las internas en la agencia de noticias no tienen fecha de vencimiento.Los embates contra Daniel Scioli también están teñidos de 'más papismo que el papa', aunque cuentan, para qué negarlo, con cierta anuencia presidencial. El mismo grupo mira de reojo todo lo que huela a peronismo. En vida del ex presidente sólo él manejaba esos temas y se guiaba con pragmatismo. En los primeros años, con el intento de la transversalidad, el partido era un escollo. Con el fracaso a cuestas, Kirchner volvió a las fuentes y se dio cuenta que no podía prescindir de él. A ese capítulo de su legado, los cristinistas le arrancaron las hojas.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

