El lado oscuro de la celebridad
El auxilio a la cantante irlandesa Sinéad O'Connor, después de una serie de inquietantes mensajes suyos en los que insinuaba deseos de suicidarse, recuerda otros casos de celebridades víctimas de la fama.La noticia que recorrió el mundo señala que la policía de Dublín acudió el domingo último al socorro de la cantante, luego de que esta última subiera a su página de Facebook desgarradores monólogos sobre la soledad de una mujer diagnosticada con trastorno bipolar y alejada de sus cuatro hijos.En uno de ellos se leía: "Las últimas noches han podido conmigo. He tomado una sobredosis. Es la única forma de que se me respete. No estoy en casa, estoy en un hotel de Irlanda, con un nombre falso. Si no estuviera escribiendo esto, mi familia y mis hijos no se enterarían".Otro mensaje decía: "Soy una madre y una persona tan asquerosamente terribles que he estado sola, gimiendo durante semanas. Todos me dicen que vaya a la mierda. Soy invisible. No le importo a nadie".Los agentes de policía anunciaron haber encontrado a Sinéad O'Connor "sana y salva", aunque dejaron trascender que la artista estaba recibiendo cuidados médicos.El declive de la cantante irlandesa es apenas un caso más de un largo catálogo de celebridades que lidian con un proceso de autodestrucción. Muchas de ellas terminan sus vidas ya sea de forma voluntaria o por abuso de medicamentos, alcohol y drogas.La lista de suicidios entre los famosos es enorme. Músicos, escritores, actores y artistas mantienen además una difícil relación tanto con la depresión como con las adicciones a sustancias psicoactivas.Son innumerables los casos de personas con inmensa fama y fortuna que son víctimas de ese encumbramiento. Aparentemente lo tienen todo para ser felices, pero por alguna razón oculta el éxito se vuelve contra ellos.Por lo general, muchos de estos individuos, antes de quitarse la vida, han confesado a personas de su entorno sentir un gran vacío en sus existencias y no encontrar el aliciente de un propósito para contemplar el futuro con esperanza.Estos sentimientos, con frecuencia, van asociados a estados depresivos -y en muchas situaciones a trastornos bipolares- que suelen pasar desapercibidos. Parece como si los artistas estuviesen desdoblados: mientras por un lado interpretan un personaje público exitoso, sin embargo en la soledad de su mundo interior se encuentran sumidos en un profundo y oscuro pozo del que, con frecuencia, intentan salir con la ayuda de drogas y alcohol.Aquí la fama muestra que es un arma de doble filo. Ya el poeta griego Hesíodo (siglo VIII a. C.) la consideraba peligrosa, señalando que "su peso es ligero al principio, pero se hace cada vez más pesado el soportarlo y difícil de descargar".La fama transforma la vida privada de quien la disfruta, al punto de convertirse en una gran ola que todo lo barre, un tsunami emocional de efecto arrollador para el famoso.Vivimos en una cultura de la fama porque se la asimila a la felicidad, algo que todo el mundo quiere. Por eso a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del arte, el deporte o del entretenimiento.Pero poco se repara en el hecho de que la fama y el éxito no son de digestión fácil, ya que muchos de sus cultores parecen perder el control de sus vidas por esta causa.Estar a la altura de la fama supondría una ascesis, una disciplina interior -como dominar el narcisismo inherente a toda celebridad-, un reaseguro para no marearse, no perder el sentido de los límites propios y de la caducidad de las cosas humanas.
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