El lado oscuro de los juegos de azar
El negocio de los juegos de azar es uno de los más florecientes en la Argentina. Pero tiene un costado negativo, porque las apuestas generan adicción en las personas, al tiempo que alienta una cultura especulativa.La evolución de la oferta de servicios de juegos de azar no detiene su crecimiento. Los casinos, los bingos, los tragamonedas, y ahora las apuestas online, se reproducen por todos lados.También la cantidad de jugadores, es decir de gente que, necesitada o no económicamente, deposita en el juego todas sus esperanzas, muchas veces sin dimensionar los efectos nocivos de su opción.El negocio de los juegos de azar en la Argentina reporta fuertes dividendos. Según cifras oficiales, los argentinos apostaron durante 2013, en el total de las modalidades de juego ofrecidas, 105.600.000.000 de pesos.En la Argentina existen más de 500 casinos y el Hipódromo de Palermo, con sus más de 4.700 tragamonedas, es la segunda sala más importante del mundo.El Estado argentino ha facilitado y fomentado el crecimiento de este negocio durante años. Entre otras razones porque es una inagotable fuente de recursos para las arcas públicas.También se benefician los capitalistas a quienes se les concesiona la explotación de los distintos juegos. Sin embargo se está frente a una actividad que genera conductas socialmente disvaliosas.Y de hecho ante el crecimiento que está adquiriendo el fenómeno, y los problemas de adicción a él asociados, hay quienes lo catalogan como una verdadera "pandemia legalizada".Por lo demás, y como ocurre en otras partes del mundo, la industria del juego está asociada a prácticas non sanctas, como el lavado de dinero y las mafias."Ludopatía", así se llama a la conducta adictiva al juego, una especie de droga sin fármacos. El juego compulsivo es una enfermedad para cuyo tratamiento han surgido programas alternativos como Jugadores Anónimos."Esta patología afecta a quienes son vulnerables y tienen la creencia de que le pueden ganar al azar. Ingresan empujados por una sociedad de consumo que exige obtener bienes que un sueldo o un trabajo no les da. Entonces, aquello que puede ser para muchos una salida familiar, una diversión, se convierte en un negocio íntimo y privado que los lleva a jugar para ganar, hasta perderlo todo", según explica el psiquiatra Martín Modaffari, coordinador del Centro de Atención para Jugadores de Tandil.Los expertos, que ven en el juego un veneno social, consideran que suele afectar a los más pobres, a personas con estrecheces económicas, ante quienes las apuestas aparecen como el anzuelo de una fortuna fácil.Los juegos de azar proveen una falsa esperanza que a veces impide que se den pasos positivos en busca de soluciones. Esta expectativa de un giro milagroso mantiene a mucha gente en el camino de la irresponsabilidad financiera.Se trata de un mecanismo que promete ganancias fáciles, sin trabajar. La persona, así, es motivada por la posibilidad de llegar a ser rica en base a la suerte, no a su esfuerzo. El escritor Marcos Aguinis considera que la pasión argentina por los juegos de azar está conectada con la "cultura de la renta", una mentalidad asociada a la especulación y no al trabajo."Esta mentalidad -señala el escritor- también ayuda a explicar el éxito de la lotería, el prode y cuantos juegos de azar se nos ocurra. '¡Salvate! ¡salvate!', significa ganar dinero de golpe, sin otro mérito que ser un jugador. Significa dejar de trabajar, de preocuparse, de tener responsabilidades".
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