El legado sombrío de los años de violencia
Los '70, con su lógica confrontativa, no son una década en la cual deberían inspirarse aquellos argentinos que hoy desean la paz y un sistema de convivencia democrática.Una ola de venganzas y contravenganzas, promovida por grupos de iluminados, especies de vanguardias sectarias, ensangrentó al país entre 1973 y 1976.Esta dialéctica llegó a su paroxismo con una acción represiva global y brutal que no reparó en medios, en torturas y asesinatos. Las aberraciones de la dictadura, en términos de violación de derechos humanos, se inscriben dentro de la barbarie de aquellos años."Si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país", llegó a declarar el general Videla, en octubre de 1975, poco antes del golpe.Ese mismo mes y año, un decreto presidencial, firmado por el gobierno peronista de Isabel Perón, había habilitado al Ejército para "aniquilar" al enemigo.Es que desde antes del golpe, grupos políticos diversos ya habían resuelto dirimir sus diferencias mediante el terror. La Triple A, símbolo de la derecha peronista, tenía su propio plan de eliminación de adversarios, para "salvar" al movimiento de Perón de la "infiltración marxista".En tanto, la izquierda guerrillera, cuyo objetivo revolucionario consistía en hacer realidad la "patria socialista", tampoco reparó en medios y de hecho optó por la lucha armada contra un gobierno democrático, legítimamente surgido del voto popular.La tercera presidencia de Juan Domingo Perón, sumergida en la Guerra Fría, fue jaqueada así por los vientos huracanados de la confrontación ideológica. Las facciones en pugna dentro del partido gobernante mentaban un Perón a su medida.Esto se echa de ver en la historiografía antagónica que tienen. Por ejemplo, el último libro de Juan B. Yofre, "El Escarmiento", pinta a un General en plena ofensiva contra Cámpora y los Montoneros, entre 1973-1974.Entre otras declaraciones de Perón, allí aparece ésta: "La revolución en paz y el repudio unánime de los ciudadanos harán que el reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para bien de la República".Términos como "exterminar", "aplastar", "aniquilar", denunciaban la locura demencial de una generación que, como dice Norma Morandini, no creía en la democracia.La senadora por Córdoba, que fue exiliada y víctima de la dictadura, en un artículo en 2010, habla de la "irresponsable idealización" de esa década. Y confiesa: "Porque tuve veinte años en los años '70, pertenezco a esa generación que antes de decirse democrática se definía revolucionaria".Y añade: "En nombre del socialismo se aceptaba la violencia como forma política. La vida y la Historia nos demostraron que la idea de que el fin justifica los medios desembocó en las mayores tragedias del siglo pasado, llámese nazismo, estalinismo o terrorismo de Estado".Acaso la pregunta que tenemos que hacernos los argentinos es si hemos aprendido esta lección. Tras dos décadas y media de democracia: ¿Hemos sido capaces de un diálogo cívico, que es la forma superior de convivencia, en la cual pensar distinto no es pecado sino lo deseable?¿O, en cambio, pervive la cultura autoritaria y sectaria de los '70, donde al argentino que disentía se lo "exterminaba"? ¿Creemos en la discusión plural de ideas, esencia de la democracia, o seguimos proclives a imponer nuestro criterio por la fuerza, como es práctica en los fascismos?"Lo importante es la memoria de los errores, que nos permite no cometer los mismos siempre" (José Ortega y Gasset).
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