El líder que venció la lógica de la venganza
Nelson Mandela pasará a la historia como el referente moral que, tras una conversión personal, impidió que Sudáfrica, atrapada en el odio racial y el deseo de venganza, se suicidara.Líder de la lucha de los negros contra el apartheid, el perverso régimen racista de los blancos sudafricanos, Mandela perteneció a un movimiento de liberación, el Congreso Nacional Africano (CNA), que a mediados del siglo XX abrazó la lucha armada.Un tribunal lo condenó a prisión perpetua en 1964 junto a varios compañeros. En la desolada prisión de Robben Island, cumplió una pena de trabajos forzados, en condiciones atroces.Mandela permaneció más de 27 años de su vida encarcelado. Un tiempo más que suficiente para exacerbar el odio personal al sistema que lo había encarcelado, para intoxicar con resentimiento cualquier espíritu.Sin embargo, en ese marco de aislamiento, ascetismo y soledad, en una celda de cuatro metros por dos, una conversión tuvo lugar en el corazón de ese hombre, porque liberado en 1990, era otra persona.Allí revisó sus propias ideas e ideales, hizo una autocrítica radical de sus convicciones. Eso cuenta su biógrafo Anthony Sampson: "El hombre que salió de allí era muy diferente del que entró".El propio Mandela admitió que la prisión "fue una tremenda educación en la paciencia y la perseverancia. Ahí aprendí que la gente no odia, sino que aprende a odiar. También se le puede enseñar a amar y el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario".Pocas veces la suerte de un país entero dependió tanto de la decisión de un individuo. La transición sudafricana hacia la democracia, la salida pacífica del régimen racista y totalitario, la renuncia deliberada a la violencia, fueron la consecuencia de una conversión espiritual personal.En efecto, sin renunciar a su compromiso por una Sudáfrica democrática y multirracial, la voluntad de Mandela de reconciliarse con aquellos que más lo persiguieron, transformó la historia de ese país de una manera que nadie creía posible.En su autobiografía escribió: "Sabía que el opresor debe ser liberado al igual que el oprimido. Un hombre que despoja al otro de su libertad es un prisionero del odio y está atrapado detrás de los barrotes de sus prejuicios, ambos han sido privados de su humanidad. Cuando salí de prisión sabía que esa era mi misión: liberar tanto a los oprimidos como a los opresores".La grandeza moral de Mandela reside en la capacidad por superar el encono personal y en salirle al cruce al revanchismo de facción, que hubieran producido un baño de sangre en su amada Sudáfrica.También en la perseverancia de que hizo gala después para socializar la convicción de que la transición sin venganza era posible, y de que eso sentaría las bases de una convivencia humana llamada a superar el sistema cruel y discriminatorio que por siglos había sufrido su país.En efecto, tuvo que contagiar poco a poco sus ideas al conjunto de sus compatriotas. A los de su etnia tuvo que convencerlos de que la liberación sólo podía alcanzarse por medios pacíficos.Persuadió también a la minoría blanca que detentaba el poder y se creía con el derecho divino a ejercerlo con exclusividad y para siempre. Al respecto, Mandela insistía que su enemigo era el apartheid, no los blancos o quienes no lo apoyaban."He peleado contra la dominación blanca y he peleado contra la dominación negra; esta lucha no es otra que la del pueblo africano", dijo en su discurso ante la CNA, a poco de ser liberado de la prisión.
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