El linchamiento en las redes sociales
El castigo o la acción de perjudicar la reputación de las personas han existido en todas las épocas y en todas las culturales. En el siglo XXI eso se expresa a través de los linchamientos virtuales. Alicia Ann Lynch, una joven estadounidense de 22 años, cometió un grave error al colgar en Twitter una fotografía suya de mal gusto. Esa imagen se "viralizó" en la web (se multiplicaron los retuits) y la condena pública no se hizo esperar.En pocas horas la joven recibió por la web miles de insultos y mensajes implacablemente duros, que hicieron que Lynch se refugiara en su casa. No sólo eso: el jefe de la oficina en la que trabajaba, abrumado por la presión de las redes sociales, terminó despidiéndola.La joven nunca se imaginó que la simple publicación de una fotografía la convertirían a ella en objeto de escarnio público. En principio fue inconsciente de la torpeza que cometió.En la foto del escándalo apareció disfrazada para una fiesta de Halloween. Se presentó en chándal, con la cara y los miembros embadurnados de pintura roja, como si hubiera sangrado profusamente, y un título desafortunado "Víctima del maratón de Boston".Un chiste de mal gusto porque en esa famosa maratón, en abril de 2013, murieron tres personas y 282 resultaron heridas, producto de una bomba terrorista.Por esta razón una víctima de este trágico suceso, indignada con Lynch, le envió este mensaje: "Deberías estar avergonzada. Mi madre perdió las dos piernas y yo casi muero".Este caso de la joven norteamericana, muy comentado en la prensa de Estados Unidos, es apenas un ejemplo de un fenómeno que está siendo estudiado por los expertos.Muchos se preguntan, a propósito: ¿qué hubiera pasado si Alicia Ann Lynch hubiera hecho la misma broma, con la misma foto, en 1970, antes de que existiera Internet? Seguramente la foto habría sido vista sólo por sus amigos y la cosa (la censura) hubiera tenido alcance doméstico, sin mayores consecuencias.Recientemente han aparecido dos ensayos donde se aborda la dimensión contemporánea de la vergüenza, del desprestigio y del escarnio público, cuya plataforma es Internet.En el libro de Jon Ronson ("Has sido avergonzado públicamente"), y en el de Jennifer Jacquet, se cuenta que cualquier descuido, desliz o tontería, a causa de su amplificación por las redes sociales, puede generar un linchamiento virtual que provoque la ruina de quien cometió esa equivocación.En realidad nadie que se exponga al ojo público virtual está exento de ser linchado por los internautas. Puede ser fatal para cualquiera caer bajo el radar del rechazo de la masa tuitera.Arrebatar a las personas la reputación o el honor es una práctica antiquísima que revela, de una manera cruel, la delicada naturaleza social del hombre. En la Edad Media, por ejemplo, los que eran castigados por fraude, prostitución o alcahuetería, eran puestos en la picota.El escenario estaba pensado para atraer la atención de la gente. Se levantaba en las plazas o en el cruce de dos calles concurridas. Se ataba al reo a la picota con una cadena de hierro y se le "exponía" al público. El nombre del reo y su delito estaban escritos en una pizarra que llevaba al cuello. El populacho que al pasar se burlaba de él, le molestaba o le arrojaba basura.Los linchamientos en la web de hoy cumplen la misma función de castigo que en la picota medieval: someter a la víctima al desprecio y el descrédito público.
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