El mal psíquico, flagelo del siglo XXI
La noticia acerca de la muerte de Robin Williams, un actor muy querido, causó conmoción mundial. Sobre todo disparó una reflexión sobre los estados depresivos que pueden llevar a las personas a quitarse la vida. Ahora se sabe que a Williams se lo veía mal, que estaba abatido, en un estado de pesimismo que le estaba comprometiendo la vitalidad. Una situación espiritual caracterizada por una pérdida de ganas de vivir.Por eso en su entorno más íntimo -familiares y amigos- la noticia de su suicidio, aunque no esperable de ningún modo, adquirió cierta lógica, si cabe hablar de ese modo, con respecto a todos aquellos que desconocían la biografía del actor.Al gran público le conformó saber que se estaba en presencia de otro caso típico de un famoso que no supo lidiar con su celebridad, y que había luchado contra el alcohol y las drogas, como tantos otros grandes de Hollywood.Tendemos a etiquetar o a subsumir en fórmulas simples o reduccionistas aquello fenómenos inquietantes que ignoramos. Es una manera de tramitar cognitivamente (o "despachar", en lenguaje llano) lo "abismático".Y todo suicidio individual, a decir verdad, tiene la marca de lo insondable, lo incomprensible. Frente a él tenemos la sensación de que nos topamos con algo tan profundo como un abismo.Sólo podemos describir "desde afuera", incluso a modo de hipótesis, los móviles detrás de la decisión dramática de toda privación voluntaria de la propia vida."Lo importante en el suicidio -escribió Emil Cioran- es el hecho de no poder vivir ya, el cual proviene no de un capricho sino de una terrible tragedia interior".Ese profundo trastorno interno conectaría en el caso de Williams con un estado de depresión previa, una especie de capitulación moral y psíquica que asfixiaba cualquier vigor y atacaba las raíces de la vida.La "enfermedad de las ganas" -como la llaman algunos- es un mal de época. En la psiquiatría moderna, la depresión es conceptualizada como un "trastorno del estado de ánimo", que afecta a todas las edades de la vida.Cada vez más gente llega a los consultorios de los especialistas en salud mental con síntomas emocionales de angustia, apatía o desgano, y que se ajustan al cuadro clínico de la depresión.Es tal la cantidad de casos, tal la dimensión y caladura que está adquiriendo esta problemática, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera esta enfermedad mental como el "flagelo de este siglo".Según la ciencia el origen de la depresión es multicausal. Es decir se está frente a un trastorno que es resultado de la interacción de la biología, la personalidad psicológica y el ambiente social.El doctor Horacio Vommaro, presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), sostiene que las condiciones de vida actuales favorecen el desarrollo de estos estados.La violencia, la inestabilidad percibida o real, las frustraciones, la insatisfacción constante por no cumplir siempre una demanda cultural de éxito instalada en la sociedad, o la simple realidad de un mundo convulsionado, son algunos factores que presionan sobre la psiquis de las personas.Para el doctor Andrés Rascovsky, ex presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, "la vida cotidiana de la modernidad está acosada por un proceso de duelo o síntomas depresivos que, no bien elaborado o tratado, se vuelve difícil superarlo de forma espontánea".
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