El “matrimonio gay” y la corriente de la época
La modificación al Código Civil para autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, que supone un cambio en la concepción de la familia, nos genera muchas dudas.Y es que todavía seguimos pensando que es bueno que el matrimonio sea entre personas heterosexuales, y que es importante que los niños tengan papá y mamá.No obstante lo cual respetamos la opinión distinta de los otros, en el marco democrático. Y está lejos de nosotros demonizar a una minoría que asegura sentirse discriminada.Lamentamos, eso sí, que este debate se haya politizado y que haya sido utilizado como estrategia de confrontación política, convirtiéndolo en una puja de facciones.Somos conscientes de la polémica que desata el "matrimonio gay", pero se trata de fijar posición, ya que la ley muestra un modelo de sociedad, y en este caso de familia.Al respecto hemos escuchado una diatriba contra el matrimonio como unión de varón y mujer, denostándolo como una forma social "perimida", y a sus defensores como seres trogloditas anacrónicos.Quisiéramos contestar, humildemente, esta objeción que reconoce dos marcas de época. Una es tributaria de la filosofía post-moderna, para la cual no hay certeza de nada.Es decir, los viejos criterios de verdad y falsedad, bien y mal, han corrido la misma suerte que las carretas. Por tanto, se alega, ¿desde qué lugar se afirma que un concepto de familia es mejor que otro?Pues bien, si entonces la "familia tradicional", para decirlo de algún modo, es un mito, ¿qué viene a ser entonces el matrimonio gay? Estamos frente al antiquísimo problema de la verdad.Los escépticos dicen: "No existe la verdad; de todo se puede dudar". Pero entonces uno puede replicar: el que duda sabe que duda, y posee con ello una certeza.Una forma de zanjar la controversia es decir: no se trata de si algo está bien o mal, si es correcto o incorrecto, sino de adaptarse al cambio de tendencia social. Es decir, "hay que ser de la época".En el caso del "matrimonio gay" el razonamiento sería: dado que es una forma social que pide pista, se impone sociológicamente, luego hay que darle derecho de ciudadanía, poniéndolo bajo protección de la ley.Ahora bien, el hecho de que algo haya entrado en la costumbre, ¿autoriza a convertirlo en un derecho? Hay que pensar que hay muchas conductas antisociales que están en vía de entrar en la costumbre.Y lo cierto es que a nadie se le ocurriría colocarlas entre las actividades legalmente reconocidas. El criterio sociológico, por tanto, es engañoso. Postula que la verdad es lo que se dice, y el bien lo que se hace.Como a la larga es el poder quien tiene capacidad de fijar pautas de pensar y actuar, habrá que aceptar entonces que la verdad de las cosas es efecto del discurso dominante.Ser de la época sería, luego, aliarse con la corriente que domina en la historia. Ahora bien, ¿no fue el nazismo de Hitler, en su tiempo, la voz más poderosa de la época? Quienes se opusieron desde dentro al régimen, ¿estaban equivocados y eran retrógrados?Otra observación: vivimos una época donde es de "conservador", en sentido peyorativo, adherir al matrimonio heterosexual, pero todo el mundo se declara "conservacionista" con respecto a la naturaleza.Hemos descubierto -enhorabuena- que la naturaleza no es un material infinitamente maleable, que es un conjunto de realidades ya organizadas, que tiene estructura y leyes, y cuyo rompimiento trae consecuencias funestas.La pregunta es, ¿no es factible reconocer en la familia un delicado microcosmos, con una estructura y leyes propias? ¿No es un mecanismo complejo cuyo equilibrio no debe violentarse?La cuestión de la institución familiar, como se ve, está cargada de ponderaciones y juicios de valor. Supone, paralelamente, un discernimiento sobre lo que es verdadero y bueno.El cambio al Código Civil, ¿se inspira en un espíritu sabio, que supera la moda y las luchas de poder?
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