El médico que mató al ladrón también le pegó cuatro tiros a su propia historia
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La manifestación del viernes fue la más grande que Cambiemos enfrentó desde que es gobierno. Por primera vez, una multitud variopinta dejó sentado su reclamo económico, y le marcó la cancha al gobierno. Jorge Barroetaveña Por ahora, la división entre los propios sindicalistas, sigue siendo el principal obstáculo para un paro nacional.La magnitud de la protesta pudo más que algunas presencias poco deseadas pero consentidas por el arco gremial. Es llamativo que, siendo el sector público el más afectado por las bajas del estado en los primeros meses de gobierno de Macri recién el viernes se haya concretado la primera protesta contundente. Michelli y Yasky que pelearon mucho en los años de Cristina, han hecho las pases y proponen marchar juntos para enfrentar o 'resistir' al gobierno del ajuste. Claro que también son víctimas de su propio pasado. Yasky al menos, que calló y consintió los números dibujados de desocupación e inflación y fue uno de los aplaudidores más cumplidores del kirchnerismo, no goza de mucho predicamento entre los históricos de la CGT. Pese a la presencia de dos hijos de Moyano y otros gremios del nuevo triunvirato cegetista fueron inocultables los silbidos que acompañaron sus nombres cuando los locutores los anunciaban. Es que las divisiones en el sindicalismo todavía laten y conspiran hacer causa común ante un gobierno que no tiene origen peronista.Los Moyano y Barrionuevo, con su historia llena de polémicas a cuestas, al menos pueden colgarse la cucarda de haber 'resistido' el gobierno de Cristina y someterse a la intemperie de no tener el poder como paraguas protector. Lo mismo podría decir Michelli. Yasky y el grupo de gremios que lo acompañan arrastran todavía esa carga. Tampoco les hicieron un gran favor los Boudou, D' Elía o Esteche que compartieron la marcha y tuvieron gran protagonismo. No pocos sospechan que estos muchachos deben estar becados por el gobierno, triste favor le hacen.Todavía el sindicalismo argentino no escapa a su historia, esa de pegar por arriba y negociar por abajo. Hace poco más de una semana Hugo Moyano almorzó con el Presidente en Olivos. Hablaron de fútbol, la AFA y la situación económica. Casi a la misma hora de la movilización, el viernes, el Ministro de Trabajo recibía al nuevo triunvirato cegetista y escuchaba los pedidos sin decir mu. A lo lejos retumbaban las críticas desde Plaza de Mayo, de las dos CTA que abogaban por la unidad del movimiento obrero y le metían presión a los que estaban en el ministerio hablando de un paro nacional, demorado aún por las desaveniencias del frente sindical.La estrategia oficial tampoco es novedosa y la intentaron casi todos los gobiernos anteriores, salvo el kirchnerismo que tomó otros rumbos. Sentar en una misma mesa a los gremios y los empresarios y establecer una pauta general, que alcance a contener la pérdida del poder adquisitivo por la inflación de los últimos meses y al mismo tiempo no impacte en la desaceleración de precios de julio y agosto. Los gremios pujan por recuperar todo lo que perdieron sus afiliados, los empresarios por recuperar ganancias o recortar las pérdidas y el gobierno por darle un empujón a la economía para que salga de la recesión y destrucción de empleos. Si de semejante menú de demandas se saca algo en limpio será todo un logro. Pinta difícil por no decir imposible.
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