El medioambiente es un ideal compartido
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Entre tantas lecciones que hemos aprendido con la experiencia de lucha de Gualeguaychú contra BOTNIA, quizás una de las mas significativas sea que los ideales ambientales no pertenecen a ninguna divisa política sino a una concepción humanista profunda que trasciende las segmentaciones sociales y políticas a las que son afectos algunos humanos.La historia mostró que acordando un objetivo común: la lucha contra la nefasta pastera, se podía aglutinar detrás a todo el arco social.Posteriormente, como dicen en al campo, los melones se fueron acomodando, y aprendimos que en realidad, la defensa de la vida y la naturaleza es un sentimiento común al 99,9 % de los mortales, que con quién nos encontremos en cualquier circunstancia podremos acordar luchar para que nuestros suelos preserven su fertilidad, nuestros acuíferos su pureza y primordialmente que la vida, en todas sus formas, sea respetada a ultranza.Por supuesto que existen matices, de hecho en nuestra fundación, convergemos distintas perspectivas políticas, que no nos impiden acordar los objetivos esenciales que a veces nos llevan a enfrentar acusaciones de oficialistas y otras de opositores, indistintamente, según circunstancias y episodios.Pero un nuevo sujeto sociopolítico a hecho irrupción en la realidad en las últimas décadas, empresas del tamaño de países, dirigidas por legiones de miles de pequeños burócratas que en conjunto acuerdan planes de destrucción de la vida y la naturaleza, a lo largo y a lo ancho del planeta sin que ninguno de ellos se sienta responsables de las desiciones que ejecutan, porque al igual que los asesinos uniformados de las historia, individualmente están convencidos que solo se limitan a cumplir órdenes.Además, acumuladas ganancias obtenidas con estas estrategias, son suficientes para comprar conciencias mercenarias de frágiles seres vulnerables al canto de sirena del dios dinero.Frente a tanto poder, una única arma se ha mostrado efectiva: la conciencia colectiva.Pero no la conciencia de iluminados, partidos políticos y/o sectas de la naturaleza que sea, sino la conciencia de los ciudadanos comunes, los sencillos ciudadanos comunes que por ejemplo se movilizaron por decenas de miles en las históricas Marchas al Puente que sorprendieron primero y maravillaron después al planeta entero, provocando que la palabra Gualeguaychú, impronunciable para la mayoría de los idiomas conocidos, cobrara el rango de marca registrada en referencia a la defensa de los ideales ambientales.Y ese es el verdadero patrimonio que debemos cuidar, cueste lo que cueste: el ideal humanista común a la inmensa mayoría de los habitantes del planeta que nos lleva a mirarnos a los ojos con nuestros vecinos y acordar, aún antes de explicitarlos, los principios básicos de defensa de la naturaleza y la vida.Sí a la Vida No a las Papeleras, fue el grito de esperanza que instalamos al principio de la lucha, que hoy se ha transformado en fuente de inspiración para distintos reclamos en todo el mundo.Y este es nuestro principal patrimonio, la principal herencia que legaremos a quienes nos sucedan si sabemos preservarla.Por eso queremos acercar esta reflexión en el año que se inicia para que sea parte del debate de quienes compartimos organizaciones creadas para la defensa de la ecología, la vida y la naturaleza:No nos dejemos tentar por la posibilidad de utilizar nuestros ideales, que son universales, para incluirlos en estrategias políticas partidarias mezquinas y oportunistas.Llegadas las oportunidades electorales, lo ambiental paga, entonces vemos que aparecen recurrentemente, presuntos voceros del ambientalismo pegándole a tal o cual gobierno, ya sea provincial, municipal o nacional, no para preservar un principio sino para recoger agua para su molino partidario.Nuestra fuerza no está en tirar petardos, nuestra fuerza esta en nuestras verdades compartidas, que son tan contundentes y sólidas que su sola enunciación basta para juntarnos a todos.Luchemos por nuestros ideales con toda nuestra fuerza, pero no nos dejemos entrampar en oportunismos que pueden darnos algún rédito efímero a costa de bastardear nuestra lucha.No sucumbamos a la tentación de manosear nuestros principios detrás de intereses partidarios mezquinos, nuestro capital es la inmensa mayoría de los ciudadanos de todas las razas, religiones y banderías políticas, y nuestra arma mas preciada son nuestros ideales compartidos. www.fundavida.org.ar
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