El mejor by pass
La salud de los pueblos necesita del bombeo espiritual del corazón de personas probas, ellos son el antídoto para estos tiempos que enferman el alma.Por Abel Lemiñ[email protected] sociedad tiene sus líderes, sus personajes paradigmáticos, esos que dejan huella y que sabemos que no será lo mismo el día que no estén. Esos que sin su presencia quedamos huérfanos de imagen, sin espejo donde mirarnos, sin bastón donde apoyarnos.Por más que nos esforcemos en eternizarlos, la biología no falla y el final llega cuando la vida cesa, la respiración se detiene y el corazón deja de bombear... pero algunos vencen esa barrera y perduran y eso nos permite aferrarnos al pasamano de sus ausencias.Ausencias que trocan en presencias, porque a pesar de los absurdos tiempos presentes, la riqueza espiritual de estos humanos con mayúsculas, rocía los espacios con fragancias de esperanza.Así es como el mes de Julio ha quedado marcado por la desaparición física de dos grandes, uno en el año dos mil y el otro hace apenas uno. La vida se les escapó y se los llevó al espacio sin tiempo, donde no hay contaminación materialista; allí están y desde allí nos guían nuestro Cura Gaucho Jeannot y el Doctor René Favaloro.La salud es el estado de equilibrio físico, psíquico, social y medio ambiental, entonces para tratar de encontrar ese balance que nos dé una mejor calidad de vida, la suerte quiso que tuviésemos a estos dos baluartes de lo social, cada uno desde su función, pero unidos en un mismo rumbo, con guardapolvo o con sotana, el bien no entiende de uniformes, sino de pensamientos y acciones, ¡y vaya que ellos cumplieron con los requisitos para estar en el ejército del bien!Este mundo actual está enfermo de violencia, de desamor, de materialismo y pornografía, de droga y alcohol, de egoísmo y banalidad, todos afectando en forma pandémica, pero por suerte, algunas personas especiales actúan de antídoto ante tanto veneno.Eso fueron en vida y lo siguen siendo, si no fuera así no tendría sentido lo que hicieron en pro de la humanidad, de los hombres considerados como hermanos, de los sufrientes, de los necesitados. Ambos, como en un acuerdo tácito estuvieron junto al enfermo, ambos amaban el campo, la educación, la argentinidad y la naturaleza, ambos llegaban al corazón, no sólo con un bisturí, sino con la palabra, con su filosofía impregnada de factor humano.Cuesta aceptar que la Fundación Favaloro no cuente con su presencia en los pasillos, en el consultorio, viendo a los internados, en el quirófano, formando discípulos, dando conferencias, o hablando con Landriscina, y cuesta aceptar que no está la presencia edificante del Padre Jeannot Sueyro al dar una misa, casando gente humilde, también visitando enfermos, como René, pero con su medicina espiritual, cuesta no escuchar su voz disfónica inconfundible, hablando de Dios, del campo y de la vida.Ambos parecen no estar, pero es sólo una sensación viciada por lo material, ya que la vida no es sólo cuerpo, sino alma, y cómo no van a estar en el alma del pueblo, si el sólo nombrarlos produce un sin fin de sensaciones, de recuerdos, de sus voces, de sus acciones, y entonces es cuando la magia del sentimiento les da ese toque de perpetuidad que lograron conseguir aún sin proponérselo.Desde distintas actividades, ambos tuvieron y tienen mucha similitud, el cura gaucho recorrió todos los rincones del campo de la región, la isla supo de su capacidad increíble para entregarse incondicionalmente; el otro, médico rural, dando todo de sí para llegar a la gente humilde. Ambos se metieron en los ranchos a ayudar.También los dos se dedicaron al corazón, desde la medicina, con bisturí cargado de talento, creatividad y sentimiento, así el gran René desarrolló el by pass aortocoronario. El Padre Jeannot fue cardiólogo de los sentimientos, entró al corazón de todos a través del by pass entre el suyo y el de todos.Sí, tal vez debamos pensarlos colegas entre ellos, porque los unió el mismo espíritu a través de caminos distintos pero equivalentes, guardapolvo o sotana, bisturí o Evangelio, en quirófano o en un templo, sanando los cuerpos o sanando el alma; así es, definitivamente son colegas, ya que ambos hicieron el más increíble by pass o puente jamás superado, el de entrar al corazón del pueblo para vivir eternamente en él. Porque se lo merecen, hagamos que nuestra memoria sea puente entre sus físicas ausencias y sus merecidas permanentes presencias.
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