El miedo a perder la memoria
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Demasiado ruido se está generando en torno de un proceso electoral aún distante. Esto deriva en perturbaciones que alejan la solución de los problemas nacionales más acuciantes. Aparecen advertencias y temores. Lo importante es no perder la memoria.Mario Alarcón Muñiz Dentro de un año los argentinos estaremos votando. Aún se carece de precisiones acerca del calendario electoral, pero todos pensamos en octubre de 2015. Probablemente dos meses antes, en agosto, se realizarán las primarias.Es bastante tiempo el que resta. Sin embargo, a juzgar por el ruido, cualquier desprevenido puede suponer con cierta lógica que las urnas nos esperan dentro de quince días. Y lo peor es que así estamos viviendo por lo menos desde marzo. Se deduce entonces que nos aguarda un año muy intenso y desgastante. Los antecedentes indican que el clima se irá enrareciendo de manera paulatina, a menos que haya gestos de consensuar un proceso en paz, lo que hasta ahora parece inalcanzable.No está mal que se hable de elecciones. Todo lo contrario. Es un tema esencial de la democracia. Si el pueblo no vota, no hay gobierno legítimo. Y para votar se requiere que los participantes se presenten ante la opinión pública, definan sus políticas, expongan sus propuestas, manifiesten sus opiniones y formulen sus críticas. Esto es elemental y está fuera de toda discusión. Pero vivir pendientes de las urnas, atando la vida del país a la cuestión electoral, resulta finalmente pernicioso.De manera inevitable el tiempo y los talentos requeridos para la solución de problemas públicos -muchos de ellos graves- se diluyen en la pelea por el poder que viene. Ni siquiera por el actual, sino por el que viene.Es común en la política argentina, desde hace tiempo, tomar como tema central la cuestión del poder. Parece el único objetivo. Unos, mantenerlo. Otros, conquistarlo. Y en esa puja vale todo.Arreglos en puerta En lo que va del mes, fue perdiendo viento la pelea con los fondos buitre que desde junio era la bandera electoral más fuerte del gobierno, al punto de instalar la alternativa "Patria o buitres" como una consigna nacional de tono épico. O ellos o nosotros. "Si perdemos las elecciones, ganarán los buitres", se instaló con el matiz de un mensaje oficial.Aún vigente, el planteo está pasando paulatinamente a un nivel menos bélico. Sucede que varias versiones sugieren perspectivas de acercamiento y el gobierno considera necesario suavizar las aristas del conflicto.Nada nuevo, observamos. Ya ocurrió con Repsol luego de reestatizarse el paquete mayoritario de YPF. "Nos deben diez mil millones de dólares", aseguró el ministro Kicillof hace dos años y medio. A principios del presente año el gobierno acordó pagar a la empresa española 6.000 millones de dólares.Algo parecido sucedió con el Club de París. Nuestro país, hace seis meses, se comprometió a abonarle 9.700 millones de dólares en cinco cuotas anuales. Vale recordar que esta historia comenzó en 1956 con una deuda de 700 millones de dólares. En 2008 la Presidenta anunció su decisión de pagar 8.000 millones. Nada ocurrió. Terminaremos pagando 9.700 millones. Obsérvese que la diferencia es menor que el reclamo de los especuladores protegidos por el juez Griesa que tanto ruido han causado.Es probable que con esos fondos buitre ocurra algo parecido a lo del Club de París. Tarde o temprano habrá que arreglar, eso está claro, siempre que se trate de una deuda legítima. No obstante, aflojar ahora, en pleno proceso electoral, puede resultar negativo según el criterio oficialista, después de haber planteado con tanta fuerza una causa nacional contra los carroñeros. De ahí que las aguas se hayan calmado mientras se intenta negociar en la trastienda, según fuentes especializadas.También detrás de esto aparecen las urnas, pues si no hay arreglo las finanzas públicas se verían muy comprometidas el año próximo debido a la cesación de pagos y sus consecuencias: el cierre de los mercados financieros internacionales. Sin plata es casi imposible que un gobierno gane elecciones (en la Argentina actual, por lo menos).Los miedosDe todos modos, no faltan motivos de confrontación electoral. Durante la semana el gobierno, previendo que puede perder, ha procurado instalar un clima de miedo por lo que vendrá si tal catástrofe ocurre. No hace falta aclarar que desde el fondo de los tiempos la única alternativa es ganar o perder. El empate no existe. Perogrullo: si no se gana, se pierde. Y como parece que el gobierno carece de certezas sobre lo que puede suceder dentro de un año, el mejor recurso es el del miedo.No tiene mayor sustento la estrategia. La Asignación Universal por Hijo no es iniciativa de CFK, sino de la CTA de De Genaro, en su tiempo, recogida luego por el ARI de Carrió.La reestatización del sistema previsional respondió a la necesidad de recuperar para el Estado capitales absorbidos por las AFJP. Y fue una medida saludable. Pero se escapa un detalle: estas entidades fueron creadas en tiempos de Menem-Cavallo con el entusiasta apoyo de los Kirchner. ¿O no?También con ese respaldo patagónico, casi como exigencia, se produjo en 1992 la privatización de YPF. En setiembre de ese año, la Legislatura de Santa Cruz, por iniciativa de la diputada Cristina Fernández de Kirchner, aprobó una resolución requiriendo a los representantes de esa provincia en el Congreso, el voto a favor de la venta de YPF.No resulta normal olvidarnos de estas cosas en tan poco tiempo. El miedo aparece ante la posibilidad de perder la memoria. Lo otro es un recurso de circunstancias.El proceso electoral, circunstancialmente apurado por obra de sus protagonistas (oficialistas y opositores), nos exige calma y reflexión. Ya llegará el momento de votar. Y será bienvenido, pues reflejará la genuina opinión del pueblo.
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