El modelo urbano y los polémicos barrios cerrados
La tendencia mundial y en el país es a vivir en ciudades. ¿Pero cómo debe ocuparse el espacio territorial? Al respecto, hay quienes proponen terminar con los barrios cerrados. Ése es el caso del arquitecto y profesor de la UBA Martín Marcos, quien en un reciente artículo publicado en Clarín disparó contra la proliferación de los barrios privados. En la Argentina estos enclaves comenzaron en la década del '80 y se afianzaron en la del '90. Inmediatamente el fenómeno se convirtió en objeto de estudio de la sociología, donde concita encendida controversia.¿Cuál es el argumento para impugnarlos? Marcos hace suya la tesis del profesor de Harvard Edgard Glaeser, para quien las urbes compactas y densas son la respuesta a la combinación de crecimiento demográfico, calentamiento global, crisis energética y pobreza extrema.De acuerdo con esto, la ciudad extendida de baja densidad poblacional es un despilfarro de energía, tierra y agua. "Sería mucho mejor para el planeta que su población urbana viviese en ciudades densas levantadas alrededor del ascensor, en lugar de hacerlo en áreas diseminadas construidas en torno al automóvil", sostiene Glaeser.Aquí el criterio urbanístico general en base al cual Marcos critica la "ciudad extendida", y dentro de ella a los barrios privados o countries, que en conjunto configuran según él un modelo territorial "inviable".El profesor de la UBA sostiene que las periferias urbanas en Argentina han crecido a través de tres formas: la privada, mediante barrios cerrados y similares; la pública, con conjuntos habitacionales de vivienda social; y la espontánea, vía asentamientos irregulares y villas miseria."Así y por distintas razones, se ha agrandado la mancha urbana sin planificación y con muy baja densidad, ocupando una gran cantidad de tierras fértiles e interviniendo imprudentemente frágiles ecosistema de regulación hidrológica como humedales y otras zonas inundables", razona el arquitecto.Sostiene que es un contrasentido que hoy en Argentina los barrios privados usen 40 mil hectáreas contra las 20 mil de la ciudad de Buenos Aires, y dupliquen sus superficie para albergar menos gente que el barrio de Caballito.Se trata "de un verdadero despilfarro del territorio más rico y productivo del planeta, justo cuando los alimentos son vitales. Además, su dependencia del automóvil conlleva altos consumos de combustibles fósiles y emisiones de CO2 que agravan el calentamiento global".El articulista elogia la decisión del municipio de Rosario por haber prohibido hace poco nuevos barrios privados en la periferia. Aunque aquí lo que se buscó es "privilegiar el valor social y estratégico del suelo por sobre la especulación y la fragmentación".La opinión del arquitecto y la decisión adoptada por Rosario vuelven a encender la polémica ya instalada alrededor de estos enclaves y sobre el rol del Estado a la hora de planificar el espacio urbano.En Argentina se calcula que hay 600 barrios cerrados, habitados por alrededor de 300 mil personas, aunque el grueso se concentra en la provincia de Buenos Aires.Surgidos en su momento como casas de fin de semana, las urbanizaciones privadas, muchas de ellas superexclusivas, son habitadas preferentemente por la clase media alta o clase alta, siguiendo una tendencia que se da en otros sitios del mundo.Algunos consideran que la expansión de los barrios cerrados o countries en el país ilustra de manera emblemática el aumento de las desigualdades sociales y la crisis del Estado para garantizar los servicios básicos, entre ellos la seguridad.
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