El negocio global que no conoce crisis
Con el fin de la Guerra Fría, a inicios de la década de 1990, se creyó que la industria armamentista perdería protagonismo. Pero se trató de una percepción errada, ya que el negocio de las armas sigue floreciendo.Muchos se preguntaron sobre la suerte del negocio de las armas luego de que se disolviera la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, cuyo enfrentamiento dominó el siglo XX.Si el orden internacional entraba en un período de paz y de cooperación eso auguraba un retroceso de la industria armamentística, que vive básicamente del conflicto humano.Pero la caída del Muro de Berlín, que implicó el colapso del comunismo, no trajo una era de seguridad y tranquilidad a las naciones, y ahora mismo se cree que el mundo atraviesa una "tercera guerra mundial en cuotas", según la metáfora papal.De acuerdo a expertos militares, en este conflicto tan particular, el teatro de operaciones es el planeta entero sin excepciones. Y la modalidad más frecuente es el ataque por sorpresa y su duración es un enigma imposible de develar.Un nuevo actor global, el terrorismo islámico, encarnado políticamente en el ISIS, disputa el sistema de poder mundial, y desde el punto de vista bélico opta por ataques focalizados.Lo cierto es que hoy la industria de las armas, que por lo visto no conoce la palabra "crisis", saca rédito en medio de un contexto geopolítico marcado por la inestabilidad y los nuevos conflictos armados.Esa industria, a la que ingresan miles de millones de dólares, cuenta con el apoyo político, militar y económico de los gobiernos. Uno de los casos paradigmáticos es Rusia.Con el colapso de la ex Unión Soviética, el complejo industrial militar sufrió un duro golpe. Pero el régimen de Vladimir Putin logró que este sector florezca a través de la venta internacional de armas.Siria, donde tiene lugar una guerra civil prolongada, se ha convertido en el principal mercado de exportación del equipamiento militar ruso."En Siria, matamos dos pájaros de un tiro. Por un lado, demostramos las capacidades de combate de nuestra tecnología militar y atrajimos la atención de los clientes, por otro, hemos probado más de la mitad de nuestra flota aérea en condiciones de combate", declararon fuentes involucradas en la cooperación técnico militar entre Rusia y otros países.Según informa BBC Mundo, las ventas internacionales de armas, que son un barómetro de las tensiones en el mundo, no han parado de crecer en los últimos cinco años.En el cóctel de este éxito se mezclan los conflictos en Oriente Próximo y África, las carreras armamentísticas en Asia, donde China aparece como gran importador.En Occidente los fabricantes de armas son entidades privadas, aunque algunas cuentan con participación estatal, que venden casi la totalidad de su producción a gobiernos de todo el mundo.Estas corporaciones operan de la mano del Estado a la hora de exportar armamento y de diseñarlo, puesto que es el erario público el que financia la mayor parte de los proyectos de innovación militar."Cada vez hay vínculos más estrechos entre gobiernos, militares y ejecutivos de esta industria (...), los puestos van rotando", explica Linda Åkerström, directora de desarme de la Sociedad Sueca de Paz y Arbitraje.Åkerström admite que "armar a un país es la forma perfecta para crear conflictos", y añade que "los países productores de armamento hablan de crear empleo y apoyar la paz y la seguridad (...), facilitan armas y después, cuando los clientes no van en la dirección marcada, los despachan".
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